La Solidaridad Como Delito

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Juan Manuel Olarieta

El 2 de octubre del pasado año un tribunal francés condenó a un anciano de 70 años, Léopold Jacquens, militante de la Liga de los Derechos Humanos por un delito de solidaridad.

El crimen consistió en que por dos veces el anciano reconció públicamente ante la policía de Le Havre que albergaba en su domicilio a una inmigrante para que le dieran el permiso de residencia.

En Francia el delito de solidaridad fue derogado hace un año y medio pero sólo en los papeles, y vivimos en una Europa donde lo realmente importante son los papeles. Si no puedes poner un domicilio en un impreso, estás jodido; si no tienes una cuenta corriente, no hay manera; si no tienes cartilla de la seguridad social… si no tienes carnet de conducir… si no tienes pasaporte… si no estás empadronado…

Los papeles agobian a los europeos, pero a los que ni siquiera son europeos les ahogan. Los Estados europeos no sólo no hacen nada al respecto, sino que si hay un solidario que echa una mano le tratan de hundir, es decir: quieren acabar con la solidaridad.

El caso es que Jacquens recurrió su condena en apelación y su asunto se tramita el próximo 18 de junio en Rouen, por lo que se ha convocado una manifestación ante el Palacio de Injusticia correspondiente. La consigna es que la solidaridad no es ningún crimen.

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