Operación Panzer: el doble rasero de la justicia.

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Esteban S.

Es posible que pase inadvertido, a los ojos del lector o lectora, el nombre de Miguel Montes Neiro. Quisiera dejar claro, antes de proseguir, que no pretendo hacer una defensa a ultranza de un caso que desconozco en su amplio sumario de causas penales y su complejidad. Sin embargo, existe un símil que deja perplejo a cualquiera.

El cautiverio penal de Miguel empieza –he aquí el paralelismo de las historias- cuando tenía 26 años, en un calabozo de cuartel de Ceuta en el que prestaba servicio como legionario. “¿Dónde está el subfusil?” –le pregunta el suboficial. Estaba desnudo, atado, apaleado. No podía confesar, porque no lo tenía. “¿Dónde está el subfusil?” –insistía el suboficial. Así uno, dos, tres, cuatro, cinco días. Hasta que por fin, al sexto día, el suboficial que lo había interrogado le invito a un pitillo: “Bueno, Montes, perdona. Ya ha aparecido el subfusil, lo había robado un alemán”. El mismo ‘liberador’ que había sido su verdugo durante seis interminables días le soltó los grilletes. Era un superior. No importó: Miguel le dio un puñetazo. Era 1976, y en castigo, le impidieron volver al grupo de regulares 3 en el que prestaba servicio y luego le acusaron de deserción cuya condena supuso 4 años, 2 meses y un día de prisión.

He aquí un relato de lo más “normal” en los métodos de investigación policial que regentan en el Estado español. Aquí siempre se ha practicado, desde las instituciones de ‘defensa’ eso de «primero golpear, luego preguntar». La lista de quienes han padecido esta metodología policial es interminable. Podríamos recurrir a esos miles de antifascistas que por el mero hecho de su pensamiento, y la facilidad con la que se acusa de ser «el entorno de…» han sufrido un mismo procedimiento. Primero abrillantar la porra, después, bajar la tonalidad de la piel con dulces caricias «democráticas», para luego acabar con el interrogatorio. Como país que pretende ser ejemplo percusor de los derechos humano, Arabia Saudí nos gana por goleada; eso sí, como lección futura a la víctima, se aseguran que le quede grabado de por vida qué líneas políticas son infranqueables y qué quería decir el criminal Franco con eso de: “ustedes hagan como yo y no se metan en política”.

Hace escasos días, y en concordancia con el hilo principal del tema a tratar, se celebró el juicio contra el grupo neonazi FAS (Frente Anti-Sistema), cuya operación de desarticulación llamada ‘Panzer’ llevada a cabo por la Guardia Civil se incautaron armas provenientes del ejército, como un lanzagranadas y varias armas cortas, además de la involucración en robos, asaltos y venta de armas –blancas y de fuego real-. La fiscal solicita 42 años de prisión. ¿El resultado? 18 procesados, 18 absueltos. Entre ellos un concejal de Silla, dos militares –enlace clave para la sustracción de armas del ejército, y que, por supuesto, su “robo” no deparó ni el maltrato que sufrió Miguel ni la pena penitenciaria- y el asesino confeso del antifascista Guillem Agulló en abril de 1993, que a día de hoy, se presenta como cabeza de lista en un partido de claro corte ideario nazi (Alianza Nacional) en su máxima legalidad.

La Guardia Civil no pudo presentar en el juicio las armas incautadas, puesto que las mismas habían sido reducidas a chatarra en la Intervención de Armas de Valencia por orden del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma de Valencia (P.A 45/2014. Expediente 14/344 Lab). Tan grandes son los muros que se han removido como de gran importancia eran los empresarios involucrados en la misma trama.

La justicia en el Estado español saber reconocer a sus amigos. A un militar que cumple el servicio obligatorio, que le sustraen el fusil, se le patea, se le desnuda y se le tiene en condiciones infrahumanas durante 6 días hasta que comprueban que el detenido decía la verdad. Al soltarle, la rabia del detenido sumada a su anulación de presunción de inocencia mediante golpes hace estallar en forma de puñetazo contra su verdugo. No solo serán 6 días de auténtico calvario. Además, se le condenará a 4 años de cárcel.
Otros militares entran en el ejército de forma voluntaria. Planean el robo de armamento para armar a un grupo neonazi que se ocupa de robos, asaltos y asesinatos. Son detenidos sin tortura previa y además absueltos de una pena de 42 años de cárcel.

Y en cuanto a la ideología la justicia no varía mucho más. A unos, se les aplica la doctrina Parot con carácter retroactivo hasta que un tribunal europeo les da un toque de atención; a otros, como los detenidos en la Operación ‘Panzer’ se les aplica la doctrina del ‘árbol envenenado’ que anula todas las pruebas que se derivan de una prueba anulada.

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