Palabra de Enrique Kuadra Etxeandia

Enrique Kuadra ha salido recientemente desde prisión con el orgullo de poder decir que tantos años dentro no le han vencido ni a él, ni a sus familiares, ni a sus amigos y camaradas. Se reproducen a continuación unas palabras suyas escritas hace siete años, porque casi 40 años de actividad política, sindical y militar (10 años de trabajo legal, 11 años de clandestinidad y entre medias 19 años de cárcel) dan para bastantes reflexiones.

Enrike Kuadra

 

“Cuando uno acaba de cumplir 57 años con ese bagaje a cuestas se pregunta muchas cosas.

La primera de ellas es si habrá merecido la pena tanto sacrificio para la consecución de un objetivo hipotético que acaba de sufrir una derrota histórica: la construcción de la sociedad socialista; que, además, a buen seguro, no lograré ver.

La militancia revolucionaria, comunista, nunca ha sido un camino de rosas. La época que nos ha tocado vivir parece que va a contracorriente de la necesidad
histórica.

Cuanto más se manifiestan las causas que objetivamente empujan hacia un cambio radical en la organización económica y social de la humanidad, que supere la irracionalidad y la barbarie en que la tiene sumida el sistema capitalista, más radicales se muestran, en su reacción contra esa necesidad objetivamente histórica, las clases dominantes:

la tendencia hacia la fascistización de los regímenes políticos que se erigen sobre ese modo de producción
capitalista es universal, y, por tanto, la más clara manifestación del agotamiento al que ha llegado en el plano histórico.

El sacrificio del revolucionario que lucha junto a las masas obreras y populares ,auténticas protagonistas del desarrollo de la historia de la humanidad para facilitar ese cambio progresista de la sociedad capitalista a la sociedad comunista, es una ínfima aportación, aunque decisiva, a ese proceso. Tener conciencia de ello es la mayor satisfacción para un comunista.

Sin esta convicción en lograr ese objetivo humanitario (el más grandioso y efectivo de todos) no podríamos soportar tanto sacrificio y tanta renuncia.

Pero es que también en el plano personal las satisfacciones de la militancia revolucionaria son muchas y muy intensas; por ejemplo, el conocimiento de las leyes que rigen los fenómenos sociales nos posibilita una gran libertad de pensamiento, opinión y conocimiento de esa realidad social; o el alto grado
de conciencia colectiva, ética y solidaria que da sentido a nuestra práctica y vida diaria”.

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