27 de Septiembre – Día del Luchador Caído

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El 27 de septiembre de 1975 es una fecha marcada a sangre y fuego en la conciencia de los trabajadores por los fusilamientos de cinco antifascistas. Por aquel entonces el movimiento obrero y revolucionario se encontraba inmerso en pleno auge en todo el mundo. En España, dicho movimiento obrero, comenzaba a reponerse tras la derrota sufrida en la guerra civil y se enfrentaba a un régimen fascista que buscaba la apertura al exterior. Las principales potencias occidentales y, por primera vez, partidarios abiertos del totalitarismo franquista comienzan a hablar de la necesidad de reformar el Régimen. Pero ¿cómo abordar esa tarea sin condenarse a sí mismos? Muy sencillo, la Reforma ha de llevarse a cabo pero sin ruptura, sin condenar el anterior régimen y todo lo que ello conllevaría.

Para culminar con éxito dicha Reforma los fascistas debían previamente aniquilar toda resistencia. Ante la oleada de protestas masivas y cada vez mejor organizadas, que sí luchaban por un verdadero cambio democrático, el régimen opta por seguir lo que su naturaleza fascista y criminal le dicta, es decir, no atender a las exigencias democráticas del pueblo y sembrar el terror. Bajo estas circunstancias se dictan las sentencias de muerte de los cinco antifascistas en un  intento de escarmentar a la clase obrera a base de represión y guerra sucia. Sin embargo, tantos años de miseria, oprobio, y de crímenes impunes, lejos de acallar las voces, hizo estallar la indignación. Miles de personas tomaron las calles y levantaron barricadas al grito de ¡asesinos! Los obreros más avanzados comprendieron que al fascismo o se le derrota o se camufla bajo una falsa democracia para perpetuar su régimen. También comprendieron que para derrotarlo tenían ante sí la obligación histórica de organizarse para hacer frente a un largo periodo de resistencia en todos los terrenos: ideológico, organizativo, militar, etc.

Prueba de esto es la larga lista de muertos que sucedieron a los últimos crímenes de Franco. Más de cien militantes de izquierda fueron asesinados entre los años 1976 y 1980 en manifestaciones, concentraciones, huelgas, etc. o bien en atentados a manos de la policía, la Guardia Civil y la extrema derecha instrumentalizada desde el propio aparato del Estado, y que como tales no tuvieron apenas consecuencias políticas ni jurídicas. Tanto el Régimen como la izquierda domesticada y vendida trataban de desviar la atención de los obreros considerándolos como hechos aislados o crímenes cometidos por unos descontrolados. Pero las cifras hablan por sí mismas. En total más de 600 muertos y miles de heridos costó aplastar la resistencia de los obreros, los estudiantes y los verdaderos demócratas en el periodo conocido como la Transición política de la dictadura a la democracia. Que habría que sumarlos a los cientos de miles de muertos, torturados o encarcelados durante la guerra y la posterior dictadura, puesto que son víctimas de la lucha contra el mismo régimen.

Los sucesos de Vitoria de marzo de 1976 en los que murieron 5 obreros y hubo más de cien heridos. El asesinato de 5 abogados laboralistas en la calle Atocha en enero de 1977. El secuestro, tortura y asesinato de la sindicalista estudiantil Yolanda González Martín por miembros de la extrema derecha. Los asesinatos de Arturo Ruiz y Mari Luz Nájera en manifestaciones por aquella misma época, o el apaleamiento hasta la muerte en la cárcel de Carabanchel del preso anarquista Agustín Rueda, son solo una muestra de esa violencia política del mismo régimen que pocos años antes asesinaba a garrote vil al también anarquista Salvador Puig Antich.

A pesar de los esfuerzos, se impuso la falsa Transición pero no las libertades. Los fascistas se convirtieron, de la noche a la mañana, en demócratas; y quienes les combatían en terroristas. Con las falsas ilusiones de éxito, la riqueza basada en una hipotética propiedad privada y los derechos fuertemente condicionados a la obediencia consiguieron la desmovilización general de las masas; y los fascistas reconvertidos tuvieron las manos libres para seguir descargando el terrorismo de Estado, esta vez contra los que no tragaron con la farsa y mantenían en alto la bandera de la resistencia antifascista.

Quienes no caían acribillados a sangre fría eran salvajemente torturados y enterrados en cal viva por órdenes de los mismos ministros fascistas como Martín Villa, Rosón o Fraga, y posteriormente de la mano del PSOE con los GAL que siguieron utilizando los mismos métodos.

En las cárceles, la misma lucha se cobró la vida de Juan José Crespo Galende en 1981 y de José Manuel Sevillano en 1990. En la actualidad esa misma política de exterminio se ejerce contra los presos políticos a través de la criminal política de desatención sanitaria que se cobró la vida de José Ortín en 2009 y de la militante comunista Isabel Aparicio entre otros muchos.

Si el régimen impuesto tras el Golpe de Estado de 1936 es ilegítimo, el régimen surgido de la Transición, al no romper con el anterior, al hacerse sin justicia, al no reparar ni reconocer a las verdaderas víctimas, ni devolver los derechos y las libertades arrebatadas; es igual de ilegítimo. Cuando hablamos de memoria histórica no podemos detenernos en la muerte de Franco, como pretenden, sino que ésta debe abarcar hasta nuestros días. Porque sigue siendo legítimo resistir al fascismo en todos sus frentes mientras éste no sea derrotado.

Por todo esto el 27 de septiembre ha de ser un día para reivindicar no sólo a los cinco antifascistas fusilados sino a todos nuestros caídos, hombres y mujeres, que entregaron sus vidas para que mañana la libertad de los pueblos oprimidos y el socialismo se hagan realidad. Comunistas, anarquistas y patriotas que no dudaron en colocarse en primera línea de la resistencia. Unos en la clandestinidad, en aparatos de propaganda y organización o con las armas en la mano, otros desde el exilio contribuyendo de mil formas, otros desde la legalidad extendiendo la lucha revolucionaria y otros desde las prisiones levantando la bandera de la resistencia, soportando la criminal desatención médica y dejándose la vida en huelgas de hambre.

   A todos ellos, los que pagaron el más alto precio y nunca verán la victoria les rendimos este homenaje. Nos lo reclaman.

Acciones que se han llevado a cabo con motivo del Día del Luchador Caído:

CARABANCHEL:

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EL ESCORIAL:

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VALLEKAS:

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LAVAPIES:

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TIRSO DE MOLINA:

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CUATRO CAMINOS:

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