Por Qué el PCE Debe Desaparecer

Recibimos en el correo de Opinión de Clase (opinion.de.clase@gmail.com) el siguiente artículo de un compañero que redacta para el blog K-ntra Kultura (http://kntrakultura.blogspot.com.es/). Difundimos.

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Y  no sólo ahora, sino hace ya mucho tiempo. No sólo él, sino también todas sus federaciones y sus proyectos.

Muchos y muchas, al leer el titular de este artículo y lo que sigue, se sulfurarán, se angustiarán, insultarán y padecerán otras muchas más reacciones emocionales y nerviosas que no parecen buenas para la toma del poder de la clase trabajadora.

Ahora bien, si siguen leyendo y le dan una oportunidad a lo que aquí se expone, de momento, verán que a este escrito lo acompaña la lógica, no sólo formal, sino también la dialéctica. Además de otros tantos muchos análisis materiales.

Caracterización del Estado Español

Como apuntamos en el artículo “¿Es el Estado Español un Estado Fascista?“, el Estado Español no es una democracia burguesa, puesto que está en la fase agonizante del Capitalismo, es decir, Capitalismo monopolista de Estado. ¿Qué significa eso? Que no hay una competencia interna dentro de la burguesía, sino que ésta está agrupada y unida como clase social, sirviendo a la legalidad impuesta por la oligarquía. Es decir, esa es la diferencia. Mientras que en democracia burguesa, la legalidad es genérica y la forma de dominación estatal (superestructura) atiende a ella, dando pie a una competencia entre diferentes burguesías (industrial, comercial, bancaria,…), en la forma de dominación estatal que surge de la monopolización, la forma de dominación estatal atiende a la legalidad a medida de la oligarquía monopolista. Por tanto, la burguesía queda unida en un bloque hegemónico del poder, en burguesía financiera u oligarquía.

Pero, ¿ese es el final del análisis que caracteriza al Estado Español? ¿Es diferente la oligarquía franquista de la que hay ahora? ¿Fue ésta derrocada? La respuesta a las tres preguntas es no. Por tanto, de ella surge la superestructura o forma estatal de dominación fascista.

Como ya dijimos en el artículo más arriba mencionado, es erróneo identificar el fascismo como un alto grado de represión, pues no es tanto el qué sino el cómo. Además, describir un proceso histórico como “la oligarquía franquista decidió dejar de ser franquista por la vía pacífica e instaurar una democracia” es cuanto menos ahistórico y antimaterialista.

Cómo fue ésto posible

La respuesta es bien sencilla: si no fueron las fuerzas antifascistas las que tomaron el poder y reestablecieron la legalidad republicana (cosa difícil, ya que en los años sesenta ya estaba resuelto el monopolismo de Estado) haciendo pasar por el aro de una superestructura no fascista a la oligarquía, fue ésta misma la que hizo pasar por el aro a todas las fuerzas antifascistas (en el caso de querer ser legales). Por tanto, fueron éstas últimas las que renunciaron a todo principio y se unieron al bloque hegemónico del poder, renunciando a toda relación con la clase trabajadora y a todo objetivo revolucionario. Es decir, renunciando al socialismo y al bienestar del proletariado.

A nadie le sorprendería, pues, que el PCE participara en el pacto constitucional y en el proceso de escritura de la constitución, entre otras cosas. Pero para los defensores de este partido, que de seguro vendrán a espetar que el PCE ya rompió su pacto, vendrá mejor esta modificación: a nadie le sorprendería, pues, que el PCE participe en las elecciones, esté integrado y hable de democracia sin matices de clase, condene toda confrontación abierta con el Estado Español, acepte la legalidad de la oligarquía fascista actual, y reciba subvenciones del Estado Español, entre un sinfín de hechos parecidos.

Parece evidente, con esto, que el proceso de “transición” fue en realidad una traición, y que sin la colaboración de fuerzas como éstas, no habría sido posible y no seguiría siendo posible la continuidad de este régimen.

Alternativas propuestas por el PCE

A todo esto, el PCE responde que no hay otra opción que integrarse en el sistema para poder conseguir el socialismo, puesto que no hay una suficiente acumulación de fuerzas ni una conciencia revolucionaria que pueda dar esa opción. Por lo que además -dicen- lo que primero tendremos que hacer es ir a por la república, y después a por el socialismo.

Bien, podríamos enumerar cuántos fallos tiene dicha reflexión, pero serían demasiados, así que los más importantes pasan por la táctica de no poder esperar a que la conciencia revolucionaria nazca sola, puesto que este acto condena a la clase trabajadora al mayor espontaneísmo y a la incapacidad de organizarse. Tampoco puede escudarse el Partido en que no hay conciencia revolucionaria para organizar una revolución, si precisamente es él quien debe crear tal conciencia. Y mucho menos intentar concienciar por etapas usando la misma excusa. Por otro lado, esa dificultad añadida para crear conciencia revolucionaria viene dada por un mensaje implícito que se da a las masas cuando el Partido sólo las acompaña en sus luchas parciales o económicas (lucha sindical), y ese mensaje es: se pueden conseguir cosas buenas dentro del capitalismo que te hagan vivir bien sin necesidad de socialismo. O incluso: se puede llegar al socialismo o elevar la conciencia a conciencia revolucionaria con las luchas parciales (cuando se acabamos de demostrar que no).

También observamos como el PCE (o más concretamente IU) peca de electoralismo cuando engaña -literalmente- a las masas y las llama a votar para “acabar con la troika”, “echar a la mafia”, y otras sandeces que no será menester repetirlas. Huelga explicar por qué esto no es posible, tenemos ejemplos como Chile o el mismo Estado Español, en cuya historia encontramos la valiosa enseñanza de que no es posible conseguir el socialismo por vía electoral/reformista. Y precisamente en el caso concreto actual del Estado Español, intentar confrontar directamente a la oligarquía financiera sería acabar en el basurero de la Ley de Partidos, como les ha pasado a otros. Y en la misma dirección, concluimos que si esto llegara a pasar, es decir, si IU llegara al poder por la vía electoral y suponiendo que no existiese una maquinaria estatal de dominación fascista, provocaría la mayor respuesta en armas que podría encontrarse por parte de la oligarquía. ¿Y cual sería la respuesta de las masas? Ninguna, puesto que IU, sin quererlo, con su práctica, les habría transmitido que ellos se encargan de todo, algo de lo más idealista, puesto que sin el apoyo de las masas en armas, no es posible expropiar a la oligarquía fascista española, en alianza con la oligarquía alemana y europea.

Que esa es otra, la conversión del PCE, con ese mensaje implícito en esa práctica, en una élite política. Algo, por definición, alejado de la clase trabajadora.

Asimismo, y para no extender más este apartado aunque se pueda escribir un libro, también nos encontramos con la táctica del instrumentalismo o de los frentes de masas. Y es que el PCE -dice- creó IU con la intención de atraer a las masas y después concienciarlas. Pero veamos otra vez los fallos que contiene: si el PCE quisiera crear un frente de masas partidista, éste no debería presentarse a las elecciones, puesto que, como ya hemos explicado, el PCE debería llamar a la abstención activa en las elecciones, y la función de su frente de masas sería la de explicar por qué. En añadido, nos encontramos con que IU sólo se fija en las luchas parciales o económicas que comentábamos antes, por lo que la premisa de “después concienciarlas” tampoco sería conseguida.

Conclusión

Ante la imposibilidad del cambio interno del partido, está la destrucción. Es decir, acabar con lo viejo, con las ideas que no llevarán a la clase trabajadora a su bienestar, y ganar lo nuevo.

Porque, ¿realmente es tan improbable ese cambio? Sí, y de hecho las ideas dominantes del PCE son totalmente contrarias a lo expuesto en este artículo. Es decir, el ideario dominante del PCE es condenar a la clase trabajadora de todas las naciones que conforman este Estado. Y aunque existan autodenominados órganos de reconstrucción del PCE, como sus juventudes, la UJCE, por el mismo motivo, sigue siendo imposible. Además que, “reconstrucción” hace referencia a seguir aumentando la militancia y la organización del PCE, y no la conexión de la teoría revolucionaria con la clase trabajadora. Para llevar a cabo esto último, las ideas dominantes tendrían que llevar en su esencia dicha teoría revolucionaria.

Por lo que, todos esos militantes que quieran comprometerse de verdad y conseguir el socialismo, pero estar dentro del PCE o UJCE les imposibilita alcanzar ese medio que es la revolución, les aconsejo que huyan de allí. Ya no es cosa de revisionismo, sino de lucha de clases.

Como dijo alguien: “El proletariado necesita una herramienta, necesita el Partido. El Partido, que no es lo que estamos acostumbrados a ver; toda esta morralla de vendidos… lameculos, que van a trincar y a pillar siempre. Subvenciones, esto… lo otro.

No, estamos hablando de un Partido para hacer la revolución.”

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