El Izquierdismo Ante el 9-N

People hold a 'Estelada' flag during a protest in Lleida

 

Hace poco me llegó, de forma más cómica que formal, un comunicado titulado: Sobre el 9N en Catalunya, y lo firmaba el grupo llamado Reconstrucción comunista. Tras su lectura sólo se puede llegar a dos conclusiones; o está escrito no desde un barrio catalán como Sants, sino desde Vallecas (Madrid) por alguien que usa frecuentemente expresiones más propias de Valencia que de Catalunya, por poner un ejemplo, y he ahí la explicación de tal realidad paralela descrita, o por el contrario, es un catalán o catalana que hace uso de un izquierdismo enfermizo de manual.

Quisiera centrarme pues, en la peor de las enfermedades que padece el movimiento comunista estatal, el izquierdismo. Y me centraré en la consulta del 9 de noviembre.

Tenemos, efectivamente, un gran abanico de movimientos en los cuales, dada la debilidad organizativa de la clase obrera, ésta no juega un papel hegemonizante, y claro está, estos hechos se nos escapan de lecturas símiles para poder posicionarnos. Y pese al acierto de la obra “El marxismo y la cuestión nacional” de Iósif Stalin y a que, salvando las abismales diferencias, nos encontramos en etapas pre-revolucionarias, el desarrollo social de ambas situaciones viene siendo totalmente diferente. Existe un escenario actual que en el plano económico, político, ideológico y nacional presenta pocas similitudes para adaptar literalmente las palabras de Stalin en la Rusia de 1913 con el Estado español en el 2014. Con esto no quiero decir que las palabras de Stalin fuesen erróneas, ni mucho menos. Tan solo digo que los clásicos están ahí para estudiarlos, analizarlos y extraer de los mismos las enseñanzas de las diversas tácticas políticas que funcionaron en unas épocas concretas, y que con una estrategia firme lograron la victoria del proletariado. Pero el auge del revisionismo ha malmetido todos estos métodos de estudio y los ha convertido en una especie de juego de unión metafísica de palabras donde a un lado se sitúan las tácticas empleadas por los bolcheviques en la Rusia del siglo pasado y al otro lado la situación actual del Estado español, y con la facilidad de unir mediante flechas las que creemos que más se asemejan, salen de ahí multitud de “resoluciones” impregnadas de izquierdismo. ¿Que dicen independencia? Pues a tirar de citas de Stalin y de Lenin cuando trataban la cuestión nacional; aunque los escenarios se presenten en espacios totalmente diferentes, aunque eso llega un punto en que da igual. Olvidan la esencia para acudir a la peor conclusión que se puede llegar desde la inmovilidad, a la comparativa de países distintos y de épocas distintas como si fueran parte de un conjunto igual.

COYUNTURA ACTUAL EN EL ESTADO ESPAÑOL

Para posicionarnos, como diría Reconstrucción comunista, como “Marxistas-Leninistas”, tenemos que tener una línea táctica conforme a una estrategia firme. La ausencia de democracia y la falsificación del parlamentarismo no es cosa de las democracias burguesas del siglo pasado, como aseguran estos nuevos “teóricos”. Algunos dirán: “Ya, pero es que las democracias burguesas no han sido siempre las mismas…” Pues bien, añado: “Tampoco eternas”. Así pues, el capitalismo embrionario del siglo XVI nada tiene que ver con el del siglo XIX, ni con el del siglo XXI. De hecho, en multitud de países donde su desarrollo ha culminado, ha pasado de su industrialización interna a su expansión de mercados y la lucha por el dominio del mercado internacional, más conocido como imperialismo. Pero no sólo se han visto alteradas las estructuras económicas de las diferentes sociedades desarrolladas, también su superestructura. Las democracias burguesas no son inalterables y por lo tanto no han sido siempre iguales. Ahora bien, el régimen revolucionario capitalista vino a enterrar el feudalismo, y como máximo representante del progreso en aquel momento, otorgó mejoras en las condiciones de la vida de los trabajadores. Con el régimen burgués apareció el método de dominación de la burguesía democrática, aquella que tras arrastrar a las capas populares en una lucha a su favor contra el viejo régimen, concedió a su cambio no solo una mejora económica sino una participación política de las mismas. La burguesía embrionaria enfocaba todas sus acciones hacia un mismo fin; la revalorización del capital. Y con una industria débil, el proletariado se veía con alicientes políticos y económicos para llevar a cabo ese fin.

El desarrollo económico del capitalismo y sus crisis periódicas vinieron a demostrar no solo la inestabilidad del capitalismo y su propio cuestionamiento, sino que por momentos determinados el capital se volvió contra la clase trabajadora. Pero ésta respondió. Y con el mundo aún por repartir, recursos que saquear y mercados que colapsar, el capitalismo salió de sus crisis periódicas para más tarde meterse en otras. Estas salidas temporales concedieron una tregua económica no solo al yugo del capital contra la clase trabajadora sino también en la organización y en la conciencia en el seno de la misma. El desarrollo del capitalismo, las guerras de rapiña y la violencia cada vez más extrema de las crisis periódicas consiguieron que la clase obrera despertase y pusiera en sí misma la utilización de todas las armas posibles para luchar por su emancipación. Agotó el camino de las urnas, las manifestaciones, las huelgas, e incluso en muchos países decidió coger las armas. Pero, cuando la burguesía vio el peligro no tardó en responder e instauró regímenes militares fascistas. La militarización respondía al alto grado de desarrollo de conciencia y organización que se establecía en las masas populares en forma de ejércitos populares. El fascismo venía a suprimir todas las concesiones económicas y libertades políticas que en su día la burguesía otorgó a las clases populares. ¿Por qué? La respuesta no está en la “naturaleza” de la burguesía. Nunca antes la ampliación de la tasa de ganancia había estado en contradicción tan antagónica con el aumento del salario –antes se paliaba momentáneamente con la explotación de nuevos mercados y nuevas mercancías que evitaban recortar los salarios- cuando el amplio desarrollo del capitalismo acorraló a éste mismo por su propia superproducción. Es cuando la contradicción interna del propio capitalismo, la saturación de los mercados, la inflación y la escasez del capital en circulación la que viene a convertir en contrarios irreconciliables –aunque siempre han sido contrarios- la conservación de la tasa de ganancia y la conservación de los salarios. He aquí la dictadura terrorista –que no mata con plomo pero sí de hambre en un régimen de competencia económica- del capital financiero.

En el caso del Estado español tenemos una particularidad en el propio desarrollo, en la anticipación del fascismo que es impulsado no por el agravamiento económico o por el desarrollo del capitalismo, sino por el desarrollo del movimiento revolucionario. Económicamente sí podría haber reculado, pero las características de las crisis periódicas habían sido tales que el pueblo español había despertado una conciencia política, y la burguesía lo había permitido, que cuando quisieron darse cuenta y recular, ya era demasiado tarde. Del 18 de julio de 1936 hasta nuestros días la historia es más reciente. Mientras la fuerza revolucionaria sí se ha visto debilitada por el plomo del enemigo, la conciencia política ha permanecido. Este factor, sumado al miedo del régimen franquista a volver atrás, explicando así su permanencia en el poder, ha prolongado el fascismo hasta nuestros días, cuya sustentación se ha visto cada vez más débil por el agravamiento del factor económico del desarrollo del capitalismo. Por eso, la supresión de concesiones económicas, característica básica de la necesidad, de la tendencia, a la dominación fascista se ve agravada desde hace tres décadas, que por el atraso en el desarrollo del capitalismo en el Estado español no ha venido a ser un factor determinante como método de dominación hasta casi seis décadas posteriores al golpe de Estado. Sin embargo, la supresión de libertades políticas y democráticas de las masas populares, otro factor también determinante del fascismo, viene imponiéndose desde julio de 1936. Y quiero dejar claro que, aunque estemos sumergidos ahora, en pleno siglo XXI, en una crisis me atrevo a decir que agónica para el capitalismo, he dicho tres décadas y soy consciente de ello. También he dicho que la supresión de libertades democráticas viene dándose desde julio de 1936 y es cierto que han existido una serie de reformas en ese plano. Pero, tanto en el primer caso como en el segundo, es decir, en el primer caso, en los años 90 no había seis millones de parados ni las condiciones de ahora, pero el factor económico ya se agravaba no en forma de recorte sino en aumento de los precios y conservación de los salarios (inflación); y en el segundo caso, es cierto que incluso el PCE fue ilegal y ahora posee sedes a pie de calle intactas, como también habría que ver a qué precio, o el ejemplo de votar a múltiples opciones políticas que en pleno régimen de Franco hubiera sido impensable… lo mismo da, que da lo mismo, no  poder votar a tu partido ilegal que votar con restricciones políticas que convierten a tu partido en legal. El que existan ciertas libertades no quiere decir que exista libertad política plena.

Ambos métodos de dominación poseen su propio desarrollo, su propia dialéctica. Y por lo tanto, ni el primer día es igual que el segundo bajo la dominación de la democracia burguesa ni del fascismo, y, la diferencia reside en el propio desarrollo y acentuación de las contradicciones del capital, que lejos de ser un vaivén de cifras de muertos otorgan en un estado embrionario una serie de libertades políticas y sindicales que la propia inestabilidad del régimen capitalista tiende, a modo de supervivencia y no de placer, a recular para salvaguardar su propia ganancia y seguir revalorizando el capital. Para eso precisan el cambio de un método de dominación u otro. Por ello no hay que confundir las dictaduras militares de tipo fascista con la esencia del fascismo; la dictadura terrorista del capital financiero.

Por lo tanto, para nosotros y nosotras, el enemigo debería ser el Estado centralista, el Estado fascista. Y sobre su debilitación debería tornar toda la táctica –que ésta sí varía conforme a la correlación de fuerzas y la fortaleza del enemigo-.

EL REFERÉNDUM

Para Reconstrucción comunista, que son “los que abogan por el derecho a la autodeterminación”, sobre la consulta al pueblo sobre si quieren seguir sometidos al régimen fascista español o a la nueva burguesía dicen: “Como marxistas – leninistas entendemos que quien saldrá ganando en este caso es la burguesía”(1). Para que el lector o lectora se vaya acostumbrando el factor de auto-dominación va a ser continuo en las citaciones. ¡Gracias Reconstrucción comunista! ¿¡Qué sería de este gran aporte que nadie sabía sin esta revelación!? La cuestión que planteo: ¿acaso hace falta ser “marxista-leninista” para ver tal evidencia?

Y además afirman: “una consulta soberanista en Cataluña, fomentada y dirigida por los sectores más reaccionarios de esta nación”(2). Partiendo de la base que cualquier proyecto de conservar la nación, el “mercado” como diría I.Stalin, no puede tener otro interesado detrás más que la propia burguesía, las afirmaciones que nos presenta Reconstrucción comunista no dejan de ser mera redundancia. Sin embargo, deben andar en otro planeta cuando dicen “Suponiendo que esta consulta saliera adelante y que Cataluña se convirtiera en un Estado independiente…”(3), si estamos hablando de la consulta no vinculante del 9-N de ahí no va a salir ningún Estado independiente en el caso de que dejaran celebrar la consulta y ganara el . En todo caso se podría abrir un nuevo espacio de diálogo y negociación, pero, hablar de nuevos espacios de diálogo o de convertir a Cataluña “en un Estado independiente…” es simple especulación, y ahí sí que digo que, como “marxistas-leninistas” debemos responder a las cuestiones inmediatas sin descartar por supuesto las variables que dichas cuestiones puedan desencadenar, eso es lo que se denomina estar en la vanguardia política.

Y, según Reconstrucción comunista, ¿qué postura debe tomar el trabajador o la trabajadora ante la cercana consulta? Dicen: “Debemos hacer ver a la clase obrera que las intenciones de la burguesía catalana”(4). ¿Pero votamos sí o votamos no? “No sería una victoria para la clase obrera, sería una acumulación de fuerzas para la clase dominante […] Desde Reconstrucción comunista entendemos, como marxistas-leninistas, que toda acción que enajene y debilite a la clase obrera debe ser boicoteada”(5) Para Reconstrucción comunista, cuyo cacao no es pequeño, lo que no me extraña viendo las cosas desde tan lejana distancia, la consulta no vinculante podría convertir a Cataluña “en un Estado independiente”. Partiendo de dicha especulación nace su táctica de boicot: “sería una acumulación de fuerzas para la clase dominante” que como “enajena y debilita a la clase obrera debe ser boicoteada”. Eso sí, ellos no son izquierdistas de manual. De hecho no dudan en replicar en el mismo escrito qué es el izquierdismo: También podemos entrar a hablar de otro hecho como es el de engañar a la clase obrera haciéndole creer que mediante las elecciones pueden cambiar sus condiciones […] Esto no quiere decir que estemos en contra de todas las elecciones, pues si no caeríamos en el izquierdismo, pero sí que sabemos analizar cuáles son las condiciones materiales adecuadas y si éstas representan un avance o no para la clase obrera y, por tanto, no nos sumamos a cualquier iniciativa de manera oportunista y revisionista, como sí hacen otros”(6).

Para empezar, estos particulares “partidarios” de la autodeterminación temen más que la propia burguesía centralista la propia consulta. No son “seguidistas”, como reiteran varias veces, sino que son unos alarmistas que sobre una especulación establecen sus propias conjeturas. Según Reconstrucción comunista la consulta soberanista puede dar la independencia, es decir, la fragmentación económica de la estructura de la burguesía centralista, y ésta no va a favorecer las mejoras de las condiciones de los trabajadores, pero el izquierdismo de este grupo va más allá. A esta separación no le ven mejoras para nuestra clase pero sí la ven como “una acumulación de fuerzas para la clase dominante”. Es decir, que si la burguesía catalana consigue un Estado independiente, con el foco industrial que posee Cataluña, no debilitaría a la burguesía centralista sino que sería una “acumulación de fuerzas”. ¿Acumulación de fuerzas para quién? ¿Para una burguesía naciente que debilita la estructura económica de la centralista y que acentúa aún más el conflicto entre ambas burguesías? Es cierto que las condiciones socio-económicas no cambiarían mucho, quizás nada en un primer momento. Pero, ¿debilitar al enemigo no es acaso un punto a favor hacia nuestra clase? ¿Sólo es victoria cuando se obtiene mejora directamente? ¿Acaso la debilidad de nuestro enemigo no pone de relieve una nueva correlación de fuerzas? Dicha contradicción vendría a echar por tierra todas sus tesis de “boicot” sobre una conjetura de una posible independencia nacida sobre una consulta NO vinculante. Y aún con estas afirman: “Como se entiende ahora es como lo entendemos los marxistas-leninistas, que en ningún momento dividimos la lucha sino que entendemos que la cuestión nacional forma parte de la lucha de clases, de la revolución proletaria”(7). La agudización del conflicto entre burguesías viene siendo según estos iluminados una “división de la lucha” focalizada en la “cuestión nacional” y que suponemos que debería subordinarse por formar parte de la lucha de clases. ¿Aunque la contradicción nacional esté más acentuada que la social en Cataluña? Sí. El izquierdismo es así y la ignorancia, así como la autocomplacencia, atrevida. Aquí no existe lo particular ni lo concreto. Todo es universal.

¿Qué es cierto que la consulta bajo la coyuntura actual no va a ser libre y limpia de trabas? Estamos de acuerdo. Pero puede venir a demostrar como experiencia práctica la carencia de democracia en el Estado español para la clase trabajadora, aunque a este grupo legalista no le interesen semejantes conclusiones. Precisamente el simple hecho de consultar, de preguntar, independientemente de si se vaya o no por independizar Cataluña, debería ser apoyada sin más miramientos por quienes abogamos por la lucha democrática de las masas. Esa debería ser la respuesta inmediata de los comunistas. Tal consulta no implica un posicionamiento en un especulativo proceso constituyente, porque lo que se nos pide el 9-N no es que se represente la independencia de Cataluña y bajo qué condiciones y qué gobierno. No. Lo que se pregunta el 9-N y que los izquierdistas de manual no entienden ni comprenden es: quieres que Cataluña quiera seguir bajo el Estado español ¿sí o no? Y nosotros como partidarios de la autodeterminación, aun sabiendo las jugadas sucias y las trampas que se gastan tenemos que estar por la expresión popular. Porque decir “Sí” o “No” no es embaucarlas hacia ningún derrotero. Es precisamente acentuar ese conflicto. Y de su acentuación se nos puede presentar un debilitamiento de la burguesía centralista, del Estado y con ello un nuevo panorama social a trabajar, al cual parece que algunos repetidos “marxistas-leninistas” le tienen pánico porque no sale tal escenario en las obras completas de Lenin. Por supuesto, esta táctica de apoyar la consulta no vinculante solo pueden darla por válida quienes apuestan por el debilitamiento y derrocamiento del Estado fascista, no por quienes se pasan media vida buscando las diferencias del III Reich o del Estado Fascista Iraní con el Estado español. Eso sí, como “marxistas-leninistas”, por si alguien dudaba.

Y como tarea no cercana, es decir, como remota posibilidad de que la consulta se celebrase en primer lugar, y en segundo lugar, cuyo resultado saliese como positivo y, con la presión de Europa, consiguiera unas elecciones constituyentes, entonces sí que habría que empezar nuestra labor de desenmascarar a los pseudo-socialistas que no son más que nacionalistas infiltrados con la consigna incompleta e inexacta de “Independencia para cambiarlo todo”. Y como ven digo pseudo-socialistas, porque hasta para eso Reconstrucción comunista se ve apurado cuando los describe como “Podríamos afirmar que lo que se está haciendo desde estos sectores más izquierdistas es seguidismoNo las podemos calificar ni siquiera de revisionistas ya que no son ni socialistas.. Está claro que estas organizaciones “izquierdistas” reformistas se suman a cualquier iniciativa que satisfaga su sentimiento nacional”(8). La terminología no es su fuerte, todo se reduce sin ton ni son a ser calificado de “revisionista” o “izquierdista” sin mucho sentido. Tampoco el análisis, ni los estudios. Las autodenominaciones, el uso excesivo de “seguidismo” y hablar de izquierdismo en tercera persona lo bordan y lo hacen verdaderamente genial, eso sí.

Por todo ello, la resolución de Reconstrucción comunista, más que de comunistas serios y que viven en la actualidad, parece estar redactada por los comunistas de libro. ¿Cómo, si no, se puede entender lo siguiente? Rechazan el independentismo porque sigue a los intereses de la burguesía –como si fuera una novedad-, eso sí, son partidarios del derecho a la autodeterminación el cual sólo se establecerá con total justeza bajo el socialismo –nada nuevo bajo el sol-, pero también están en “oposición al españolismo y, por tanto, no queremos sumar fuerzas con su imperialismo”(9). En resumidas cuentas, el panorama catalán se presenta del siguiente modo según estos teóricos del movimiento:

-Si se independiza: “No sería una victoria para la clase obrera, sería una acumulación de fuerzas para la clase dominante”

-Si se queda bajo el yugo del Estado español: “Queremos remarcar nuestra firme oposición al españolismo y, por tanto, no queremos sumar fuerzas con su imperialismo”

Ante tales resoluciones, ¿qué debe hacer un trabajador o trabajadora ante la consulta? Si vota Sí estaría siendo partícipe de una acumulación de fuerzas para la clase dominante. Si vota No estaría siendo un españolista y sería un lastre ante la tarea de sumar fuerzas contra su imperialismo. ¿Estaremos ante un nuevo caso de ni-nis políticos? Esto es el resultado de una carencia de estrategia firme y de un batiburrillo grotesco de izquierdismo. Por eso, estos “comunistas” ni aclaran el posicionamiento ante la consulta ni terminan de encajar la caracterización del Estado. Por eso ante un “Sí” o “No” se saltan el desarrollo histórico hasta dar con un especulativo escenario político de independencia. Ya no se trata de que no sean vanguardia, porque nunca lo han sido. A veces son retaguardia como con el tema de aportes “teóricos” como por ejemplo el desvelar los errores del maoísmo y que ya lo hicieron otros hace casi dos décadas. Y cuando les toca anticiparse y sacar de las lecturas y experiencias estudiadas una resolución y un postulado recurren a ser meros visionarios, que lejos de responder a cuestiones inmediatas imaginan con una subjetividad perfecta un escenario ideal donde la única independencia real será bajo el socialismo… ¡Bravo!, pero tales afirmaciones no son muestra de vanguardia de ningún tipo sino de simples lectores de marxismo, ya que cualquier que haya leído la obra de Stalin y Lenin, como han hechos ellos, llegarían a tal conclusión. Que no es errónea, no lo es. Pero tampoco responde a la situación actual de Cataluña sino a la situación subjetiva concreta de quien redacta dichas resoluciones sobre Cataluña.

Estos metafísicos de la democracia burguesa añaden: “Las democracias burguesas lo tienen todo bajo control y ninguna votación hará tambalear sus estructuras”(10). Evidentemente que en las democracias burguesas sirven a los intereses de la burguesía. Pero no lo tienen “todo bajo control” y mucho menos “ninguna votación hará tambalear sus estructuras”. A Reconstrucción Comunista no le queda más aliado que la mentira para sostener sus quebraderos de cabeza. Primero trata a las democracias burguesas de perfectas, de que lo tienen todo bajo control y que ninguna votación hará tambalear sus estructuras. Bien, ¿qué fue entonces el 16 de febrero de 1936? Este grupo olvida el desarrollo propio de las democracias burguesas y su propia dialéctica para afirmar semejantes chorradas. ¿Qué es sino cuando se habla del fascismo como régimen de contrarrevolución preventiva? Los comunistas preferimos ver en el desarrollo de la democracia burguesa la llegada del fascismo, en su perfeccionamiento como método de dominación. Por eso no hablamos de democracias burguesas que tienen todo bajo control, hacemos la diferencia y hablamos según el grado de libertades para las grandes masas de democracias burguesas o de regímenes fascistas. Me recuerda a aquellos que hablan de capitalismo ultradesarrollado y que los comunistas llamamos imperialismo, pues lo mismo. Ahora bien ¿a quién beneficia el utilizar la terminología incorrecta? Con el famoso caso de “capitalismo ultradesarrollado” todos y todas –o casi todos y todas- hemos sabido ver qué intenciones e intereses ocultaban. ¿Sabremos verlo también en quienes abogan por la teoría de las “democracias burguesas perfectas y ultradesarrolladas” que no dan pie a las libertades políticas y sindicales? ¿Sabremos ver qué intereses e intenciones esconden el sostener dichas terminologías?

Los jefes de la socialdemocracia encubrieron y ocultaron ante las masas el verdadero carácter de clase del fascismo y no llamaron a la lucha contra las medidas reaccionarias cada vez más graves de la burguesía. Sobre ellos pesa una gran responsabilidad histórica […] En nuestras filas existía un imperdonable menosprecio al peligro fascista que todavía no se ha liquidado en todas partes […] La necesidad de desplegar la lucha de masas contra el fascismo ha sido sustituida en varios países por razonamientos estériles sobre el carácter del fascismo “en general” y por una estrechez sectaria respecto a la posición y solución de las tareas políticas actuales del Partido”(11)

Esteban S.

 

(1) Sobre el 9N en Catalunya Reconstrucción comunista
(2) ídem
(3) ídem
(4) ídem
(5) ídem
(6) ídem
(7) ídem
(8) ídem
(9) ídem
(10) ídem
(11) El fascismo y la clase obrera – Dimitrov

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