Tres Comunistas Ahorcados en la Plaza Pública

Youssif_Salman_Youssif

Yusuf Salman Yusuf, primer secretario general del PC Irakí

 

Juan Manuel Olarieta

El primer secretario general del Partido Comunista de Irak Yusuf Salman Yusuf (1901-1949), más conocido por sus nombres de guerra de “Said” y “Fahd”, desempeñó un papel decisivo en el desarrollo del comunismo en Irak.

Había nacido en Bagdad en 1901, en el seno de una familia originaria de una pequeña aldea de la provincia de Mosul, al norte de Irak. Su padre era de origen asirio, caldeo, y de religión cristiana, un humilde artesano pastelero que vendía dulces por las calles.

En 1907 se trasladó con su familia a Basora, en el sur del país, en busca de una vida mejor para los suyos. En Basora Yusuf estudió de 1908 a 1914 en la Escuela Cristiana Siria y en la Escuela de la Misión Americana de 1914 a 1916. Su educación terminó abruptamente cuando su padre cayó enfermo y para mantener a su familia Yusuf tuvo que buscar trabajo como traductor en el ejército colonial británico.

El puerto de Basora era un encrucijada de caminos, entre India y el Canal de Suez. Las tareas más duras las realizaban esclavos traídos de África en condiciones de trabajo dramáticas. Cuando las tropas británicas ocuparon la ciudad, Yusuf aprendió muy pronto lo que era el imperialismo: los europeos tomaban el relevo a los otomanos.

En 1919 se trasladó a Nasiriya para ayudar a su hermano en el molino. En 1924 regresó a Basora, trabajando en la compañía de suministro de electricidad. Mientras, el primer levantamiento contra el imperialismo desató durante cuatro meses una revuelta armada que se saldó con la muerte de 6.000 sublevados.

Yusuf comenzó a participar en el primer círculo comunista creado en 1927 en Nasiriya, aunque sus inicios no son claros. Según algunas fuentes comienzan de la mano de Haim Auerbach, el dirigente del Partido Comunista de Palestina. Según otras, empiezan al conocer a Butrus Abu Nasir, alias “Piotr Vasili”, otro asirio nacido en Tiflis (Georgia), que trabajaba como delegado de la Internacional Comunista.

En Irak las primeras células comunistas eran un apretado mosaico de nacionalidades y religiones, una Internacional Comunista en sí misma: sunitas, chiitas, kurdos, judíos, cristianos, árabes… Prefiguraban la composición multicolor de la que surgiría el Partido Comunista. La propaganda se editaba en todos los idiomas locales, como el árabe y el kurdo, además del inglés. Hay que destacar que en Irak los judíos comunistas crearon en 1945 una Liga Antisionista, lo cual es un ejemplo de internacionalismo.

Dos años más tarde, en 1929, Yusuf dejó su trabajo en la compañía eléctrica y solicitó un pasaporte para viajar al extranjero. Se lo denegaron por falta de fondos, pero pudo abandonar el país, viajando por Kuwait, Siria y Palestina, donde tomó contacto con el Partido Comunista de Palestina, al que pidió dinero para el trabajo revolucionario en Irak.

En 1930 Gran Bretaña impuso a la monarquía un nuevo tratado colonial, que levantó una oleada de indignación en Irak. Yusuf regresó al país y en julio de 1931 organizó las huelgas contra la introducción de un nuevo impuesto municipal. Durante dos semanas Bagdad quedó completamente paralizada. Las tiendas y las oficinas cerraron, el transporte dejó de funcionar y las masas ocuparon las calles.

En 1934 los distintos círculos locales se agruparon para formar el Partido Comunista. Tras participar en el mismo y hasta febrero del año siguiente, a Yusuf le encomendaron las tareas de agitación y propaganda en Nasiriya, donde aparecieron los primeros carteles con la hoz y el martillo llamando a la unidad de los proletarios del mundo entero. La policía le detuvo por primera vez.

Tras su liberación salió de Irak hacia Moscú. Viajó a través de Siria, Francia e Italia antes de llegar a la URSS, donde ingresó en la Universidad Comunista de los Trabajadores de Oriente, en la que estudió hasta el verano de 1937, cuando la Internacional Comunista le envió a Francia y Bélgica, donde pasó el invierno de 1938.

Después regresó a Irak, desarrollando su trabajo de organización en Bagdad con el nombre de guerra de “Said” junto con Abdullah Masud Quraini, que entonces era el máximo dirigente del Partido. Viajó por todo el país, hasta que regresó a Bagdad en diciembre de 1940, cuando Masud lanzó el diario al-Shararah (La Chispa).

El 29 de octubre de 1941 la policía detuvo a Masud y en noviembre Yusuf fue elegido secretario general en su sustitución, aunque se inició una etapa de divergencias con los que seguían sosteniendo las posiciones de Masud. En abril de 1941 se había producido una situación confusa cuando Rashid Alí Al-Galiani, un nacionalista, dio un golpe de Estado, que en plena Guerra Mundial se podía equiparar al eje fascista por sus ataques contra los británicos.

En noviembre de 1942 Yusuf tuvo que viajar a Moscú, posiblemente para tratar sobre la disolución de la Internacional Comunista. Hasta que no regresó a Bagdad en abril del año siguiente las divergencias no se solventaron. Bajo su dirección el Partido Comunista comenzó a pasar de los pequeños círculos de agitación a una auténtica vanguardia revolucionaria. Yusuf centró el trabajo en los núcleos obreros más importantes de Irak, generalmente bajo el dominio de monopolios extranjeros: empresas de tabaco, estibadores del puerto de Basora, trabajadores ferroviarios y de las pozos petrolíferos.

Entre los dirigente más conocidos del Partido estaba Ghali Zuwayid, originario de Basora, que procedía de una familia de esclavos que trabajaban para los “effendis” o caciques.

A finales de 1943 se celebró el congreso del Partido Comunista de Siria-Líbano que, bajo la dirección de Jalid Bakdash, uno de los primeros y más prestigiosos dirigentes comunistas de Oriente Medio, comenzó a adoptar posiciones políticas mucho más definidas y elaboradas. Bajo su influencia, Yusuf convocó una conferencia en marzo de 1944, aprobando consignas parecidas a las de los sirio-libaneses (“un país libre y un pueblo feliz”), así como un programa (“Carta Nacional”) parecido, centrado en la revolución democrático-burguesa, lucha contra el imperialismo y la reforma agraria.

Al año siguiente se convocó el primer Congreso, calificado “de organización”, en el que destacó la exigencia de independencia total para Kurdistán, algo que no constaba en ningún otro programa político, salvo el de los propios kurdos. Lo mismo se puede decir de las reivindicaciones relativas a la mujer trabajadora. Además, los comunistas exigían la derogación de los tratados que sometían a Irak al imperialismo británico, el reparto de la tierra entre los campesinos y la creación de un Estado democrático.

Fueron los años del despegue, favorecidos por la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Bajo el impulso de Yusuf el Partido Comunista creció imparablemente. De los 90 ejemplares iniciales, el diario al-Shararah pasó a vender 2.000 en 1944 y 3.000 en 1947. Pronto adquirió su propia imprenta. Tras la Segunda Guerra Mundial se crearon 16 sindicatos obreros, 12 de los cuales dirigidos por los comunistas.

Yusuf también impulsó la creación de una plataforma legal. A través de un grupo de abogados, en junio de 1944 el Partido pidió la legalización con el nombre de “Partido del Pueblo” y en agosto de 1944 los abogados respondieron con un trueque: a cambio de una legalización para dentro de dos años, tenían que poner a Aziz Sharif, un amigo de Jalid Bakdash, a la cabeza del Partido legalizado.

El gobierno legalizó al Partido del Pueblo en la fecha convenida, pero el tinglado pronto se volvió contra los comunistas, hasta el punto de que Sharif pidió por la disolución del Partido Comunista: si el Partido ya era legal, no tenía sentido la existencia de otro clandestino. En realidad, el Partido legalizado era más una pantalla de los comunistas sirios que de los irakíes, que tuvieron que recurrir a otra plataforma diferente, el Partido de la Liberación Nacional, cuya legalización fue rechazada pero que, mientras tanto, pudo actuar abiertamente.

Dirigida por los británicos, la policía irakí se lanzó a la caza de Yusuf. Primero localizaron la imprenta cladestina del Partido. Luego cayeron sobre seis militantes que distribuían propaganda dentro del ejército, en árabe y en inglés, un crimen castigado con la pena de muerte. Por fin, el 18 de enero de 1947 la policía detuvó a Yusuf y a otro dirigente, Zaki Bassim, en la casa de un militante, Ibrahim Bajir Shmayyel. Los tres fueron trasladados a la cárcel de Abu Ghraib, hoy tan conocida por las torturas de los imperialistas, donde fueron encerrados en condiciones de reclusión espantosas, privados de la luz del día durante largos períodos de tiempo.

El 13 de junio iniciaron una huelga de hambre en señal de protesta y siete días después les llevaron a juicio ante el Tribunal Criminal Superior, acusados de estar financiados por un país extranjero, mantener relaciones con el Partido Comunista de Siria y Líbano, de subvertir el orden constitucional, de incitar a la insurrección, y hacer propaganada del comunismo entre los miembros de las fuerzas armadas. Los tres fueron declarados culpables y condenados a muerte.

La pena capital desató tal movimiento de solidaridad que el gobierno reculó: conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua para Yusuf y la de 15 años para Bassim y Shmayyel. Los tres fueron trasladados desde el corredor de la muerte de Abu Ghraib a otras prisiones.

Muy poco después se produjo el levantamiento antimperialista de 1948, conocido como al-Wathbah (El Salto). El país entero fue sacudido por huelgas y manifestaciones que coincidieron con la primera guerra árabe-israelí por Palestina.

El 9 de octubre de 1948 la policía descubrió la ubicación clandestina de la sede central del Partido. En el asalto a la misma la policía detuvo a Yehuda Siddiq, un dirigente comunista judío que fue torturado brutalmente durante 28 días. Tras su pista la policía llegó hasta Malik Saif, a quien también logró detener, junto con varios cientos de militantes más.

Con la información obtenida, el gobierno decidió deshacerse de Yusuf y sus dos camaradas, a pesar de que entonces estaban presos en la cárcel de Kut. La acusación era que desde la cárcel seguían dirigiendo al Partido Comunista y a través de él, les responsabilizó de la insurrección al-Wathbah. Les abrieron otro consejo de guerra el 10 de febrero de 1949 y los tres fueron condenados a muerte y ahorcados públicamente en la noche del 13 al 14 de febrero en medio de una plaza pública de Bagdad. Durante tres días la policía exhibió los cuerpos de los tres comunistas colgando como una advertencia a toda la población. Luego el cuerpo de Yusuf fue enterrado por la policía en una tumba sin ninguna clase de inscripciones en cementerio de al-Muazzam.

A través de la prensa el gobierno anunció el ahorcamiento de los tres comunistas como un golpe definitivo contra el Partido Comunista y el fin de las insurrecciones y los disturbios políticos en las calles. Muy pocos años después era la organización revolucionaria más fuerte de Oriente Medio, capaz de dirigir los gigantescos movimientos de masas que derrocaron a la monarquía en 1958, ejecutando al rey, al regente y al primer ministro.

Los verdugos fueron ajusticiados.

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