Fascismo Fórmula 1

1215748353_850215_0000000001_sumario_normal

Juan Manuel Olarieta

En 2008 el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo Max Mosley organizó una orgía sexual con estética nazi. Mosley es hijo de Ostwald Mosley, el dirigente británico de un partido nazi de “camisas negras” que al principio de la Segunda Guerra Mundial pretendió convertirse en un caballo de Troya para que el III Reich se impusiera en las islas. En segundas nupcias Mosley se casó en la casa de Goebbels y el mismo Hitler asistió a la ceremonia. El partido fascista fue prohibido en 1937 y poco después Mosley ingresó en prisión, aunque en 1977 le nombraron rector de la Universidad de Glasgow.

Las escuderías que primero criticaron la orgía nazi-sexual de Mosley fueron las alemanas Mercedes y BMW. Así imaginaron que podrían lavar su origen, que es la misma que la de Mosley: el nazismo.

Al año siguiente el patrón de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone elogiaba a Hitler en una entrevista en el periódico británico The Guardian. El modelo de estadista de Ecclestone es su jefe Max Mosley, a quien proponía para dirigir el Reino Unido: “Prefiero a los líderes fuertes. Margaret Thatcher tomó muchas decisiones sobre la marcha y construyó este país lentamente. Ahora lo hemos déjalo ir otra vez. Todos estos muchachos, Gordon (Brown) y Tony (Blair) tratan de complacer a todo el mundo todo el tiempo. Creo que Max (Mosley) haría un estupendo trabajo, es un buen dirigente”.

El fascismo Fórmula 1 tiene su continuación en Francia con la escudería Renault, aunque esta vez casi sin escándalo. Como Mosley y Ecclestone, Louis Ranault fue otro fascista y colaborador del III Reich, pero cuando alguien pretende rescatar la memoria histórica está condenado al fracaso. Le ocurrió a la organización anarquista Jura Libertaire y al sitio de internet hapoel.fr, administrado por judíos antifascista, que fueron censurados y cerrados por el mismo motivo. Como el clan de los Rosón en Galicia, los nietos de Renault también están a la busca y captura del historiador.

Pero no se trata sólo de escribir otra historia, sino de dinero. La mafia Renault presentó una demanda ante los tribunales franceses para impugnar el decreto de nacionalización de las empresas Renault. El sitio Hapoel publicó un artículo impecable analizando la trastienda de las pugnas monopolistas que, en plena crisis industrial, explican la demanda judicial, así como el ascenso del fascismo y el chovinismo entre la burguesía francesa.

En cualquier país europeo los grandes oligarcas y monopolistas no han rectificado sus alineamientos de 1939; sólo han sabido esperar pacientemente su momento propicio para volver por donde solían. No podemos acusarles de incoherencia y en todas partes están demostrando que están dispuestos a poner a poner a todos cara al sol.

No es retórica: no hace mucho que el Senado belga aprobó una proposición de ley del partido fascista Vlaams Belang, aceptado por todos los partidos flamencos (excepto los verdes) para anular los efectos de las condenas y sanciones por hechos cometidos entre 1940 y 1945, así como crear una comisión para indemnizar a las víctimas de la “represión de pos-guerra” y a sus descendientes por los perjuicios padecidos. También en Bélgica le han dado la vuelta a la historia; los victimarios se han convertido en víctimas. El fascismo del siglo XXI está servido.

En Francia la mafia Renault no se ha conformado con que la web Hapoel rectificara su artículo sino que invocando la Ley para la Confianza en la Economía Digital cerró el sitio. La demanda era por difamación porque la historia es mentira. La verdad es lo que ellos digan.

El abogado que defiende a los Renault demuestra otra tradición histórica que se repite: los alineamientos perversos de quienes no son lo que dicen ser. Quien firmó la demanda en nombre de los monopolistas fue Thierry Lévy, un abogado que reúne los mejores ingredientes: judío e “izquierdista”. Es la mejor manera de rehabilitar la memoria histórica de Renault, tal y como le hubiera gustado que hubiera sido.

En Francia, la competencia de Renault se llama Citroën, otro apellido ilustre de la saga de André Citroën, a quien Renault llamaba “el pequeño judío”. La competencia entre ambos tampoco fue tan feroz; se repartieron el pastel: Citroën reparaba los tanques que Renault producía para el III Reich en Francia. El caso Citroën ilustra bastante claramente lo que el fascismo significó para los judíos, un asunto de los más manoseados del pasado siglo. La persecución no se ejerció contra los judíos sino contra el proletariado judío, de modo que mientras el gobierno de Vichy condujo a unos a los campos de concentración, un sobrino de Citroën, era secretario de Estado de producción industrial, es decir, cómplice de las deportaciones masivas de “los suyos”.

Insistamos en lo obvio: la historia la escribe la burguesía y los tribunales le ayudan a redactarla, siendo conveniente explicar cómo lo hacen. Tampoco hace tanto tiempo que un tribunal de Limoges, Francia, condenó a un “Centro de la memoria” a retirar de una exposición permanente que tiene desde 1999 una foto de Renault en la que aparece junto a Hitler y Goering en el salón del automóvil de Berín de 1939. ¿Estaría trucada aquella foto? La sentencia no lo dice; por lo tanto es verdadera aunque “anacrónica”, dice el fallo. En cualquier caso es difamatoria.

Además, la sentencia condenó al “Centro de la memoria” a pagar 2.000 euros a los herederos de Renault, que deben andar algo escasos de recursos en este momento de crisis.

La sentencia fue el detonante de una vasta campaña mediática en Francia para reescribir la historia, la de verdad. Le Monde Magazine recordó el enorme sufrimiento acumulado por los Renault durante décadas, injustamente acusados de colaboracionismo. La cadena pública de televisión France 2 volcó para reparar tamaña injusticia histórica y los intentos de rectificar las “informaciones” por parte de los obreros que trabajaron en las fábricas han resultado inútiles: la verdad no necesita ser contrastada.

La difamación contra Renault sostiene que éste personalmente y la patronal francesa en su conjunto mantuvieron estrechos lazos con la “Cagoule” (los encapuchados), la banda terrorista que desde 1935 agredió violentamente a los comunistas, a los sindicalistas y a los solidarios con la República española. Cuando el 24 de noviembre de 1938 los obreros del metal se declararon en huelga, los dirigentes sindicales fueron acusados en juicio de “rebelión militar” y Jean-Pierre Timbaud, secretario del sindicato fue fusilado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s