Las Hordas Rojas (II) – Artículo PCE(r)

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El catedrático Aquilino Polaino habla al Senado

20 de junio de 2005. Comienza la discusión sobre la ley de matrimonio de los homosexuales en el Senado español. A tan sano debate democrático el PP aporta el criterio científico de un experto con nombre de chiste, Aquilino Polaino, de impecable pedrigrí académico: Licenciado en Medicina y Cirugía, Diplomado en Psicología Clínica, Doctor en Medicina y Psiquiatría, Licenciado en Filosofía y Catedrático de Psicopatología. Además es miembro académico correspondiente de las Reales Academias de Medicina de Cádiz, Valencia y Granada y Presidente de la Sección de Educación Especial de la Sociedad Española de Pedagogía. También miembro del Opus Dei y colaborador de Las tardes con Cristina en la cadena COPE, Aquilino es un digno sucesor de Vallejo-Nájera, pero ya sin los galones de comandante, por exigencias de la nueva democracia.

Polaino definió la homosexualidad como una psicopatía producida por traumas infantiles gestados en un entorno familiar perverso y aseguró que los homosexuales tienen sentimientos crónicos de no ser masculinos, es decir, como los eunucos de antaño, ni hombres ni mujeres. Ante los padres de la nación, el catedrático dijo que la homosexualidad se suscita en los hijos adoptados por gays o lesbianas. Habló del perfil psicopatológico de los homosexuales que, según dijo, han sido educados por padres hostiles, alcohólicos, distantes y por madres sobreprotectoras, sobre todo, con los hijos varones. Recordó un estudio de la Federación Estatal de Lesbianas y Gays de 2002, donde se señala que un gay tiene a lo largo de su vida una media de 39 relaciones sexuales (imaginamos que con personas diferentes), pero sin aclarar si eso era bueno, era malo, o simplemente era excesivo (no concretaba qué promedio de coitos hay con cada una de esas personas).

Agustín Conde, el senador del PP que había solicitado la comparecencia de Polaino, la calificó de magnífica. Pero la risa fue tan general que el arzobispo de Madrid Rouco Varela tuvo que pedir un poco de respeto para las palabras de Aquilino Polaino en el Senado. El PP tuvo que pedir perdón a quien pudiese sentirse ofendido por su intervención (o sea, a todos).

Sin embargo, el obispo de Alcalá de Henares opina igual que Aquilino. Además de promiscuos, los homosexuales son invertidos, pero no hay motivo para alarmarse: todo ese tipo de vicios se pueden superar con el adecuado tratamento médico, quizá el del doctor Vallejo-Nájera, sin ir más lejos. También Ascensión López, presidenta del Foro del Espectador, dijo en Crónicas Marcianas que todo el mundo sabe que la homosexualidad tiene cura; yo conozco un médico, el Dr. Aquilino, que si eres homosexual, te lo cura como una cojera.

Verdadero sabio rencentista, las actividades científicas y universitarias de Aquilino no conocen fronteras. Aunque no nos lo demostró ante el Senado, también es un experto en exorcismo. En su artículo titulado Psiquiatría y posesión diabólica escribió: Lo que no parece que sea conveniente, sin embargo, es interrumpir el diálogo entre psiquiatras y pastores. Pues si en la Edad Media probablemente se incurrió en un exceso al magnificar las atribuciones de tipo religioso para la explicación de estos comportamientos, es muy posible que hoy se esté incurriendo también en otro exceso: el de apelar únicamente a la psiquiatría, al mismo tiempo que se vuelve la espalda a cualquier fenómeno de naturaleza religiosa. Más adelante, en este mismo artíclo, el catedrático acaba proponiendo que, finalmente, la última palabra la tiene el exorcista…

Aquilino es de esos sabios que curan en los conventos las periódicas crisis de vocación de los religiosos, que también es una patología, sobre todo si alguien cae en la tentación de abandonar el Opus Dei. Quien no quiere continuar en la Obra siendo ésta una Obra de Dios, sólo puede tener una explicacón: está enfermo y, por tanto, pastillas, terapias reconductivas y sesiones de electroshocks. Los electroshocks es como si te electrocutaran un poquito, como una advertencia de la pena de muerte. Polaino también utiliza electroshocks para curar la homosexualidad, como relató uno de sus pacientes a la cadena SER (quien por cierto no se curó de su dolencia): te hace pasar una serie de imágenes de chicos y chicas desnudos y si tienes algún tipo de estímulo o de reacción te suelta unos voltios en el cuerpo para que se te vayan las ganas.

Nosotros no ponemos en duda nada que esto sea pura ciencia; lo que decimos es que no queremos curarnos. Nos gusta ser cojos.

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