Las Hordas Rojas (III) – Artículo PCE(r)

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Operación Shuto: los mendigos del CESID

Al doctor Diego Figuera tampoco le faltaban títulos académicos. Además de presidente de honor de la Real Academia de Medicina, era director del Servicio de Cirugía en la clínica Puerta de Hierro (Madrid) y miembro del Comité Senior de la Sociedad Española de Investigaciones Quirúrgicas e integrante del Consejo Editorial de la Revista Española de Cardiología, editada por la Sociedad Española de Cardiología. Pero sobre todo era presidente del Consejo de Administración de la sociedad anónima Implantes Médicos, empresa fundada para comercializar los inventos patentados por él mismo. Desde 1972 venía recibiendo subvenciones anuales por importe de veinte millones de pesetas y después de años de embolsarse el dinero público, como único resultado presentó dos bioprótesis valvulares cardiacas, a las que denominó Durafic y Xenofic.

¿Qué padrinos tenía en pleno franquismo para que le suministrasen tánto dinero público durante tánto tiempo?

Durafic y Xenofic eran dos bioprótesis de pericardio bovino tan imperfectas que, al no dejar circular el flujo sanguíneo completo, producían una dilatación espectacular del corazón. Los obturadores se rompían, encharcando los pulmones del paciente que moría con vómitos de sangre si no se la sustituían a tiempo. De Durafic se fabricaron 500 con membranas extraídas del encéfalo de cadáveres. Una vez implantadas en los pacientes, se rompían los anclajes y la muerte era inevitable si no se reintervenía con urgencia y se sustituía a tiempo. De Xenofic vendieron 1.200 bioprótesis. A los dos años fracasaba la válvula en todos los casos y había que volver a operar para su sustitución.

Pero al doctor Figuera la salud le importaba un bledo. Él lo que quería era hacerse rico a costa de terceros, del dinero de terceros y de la salud de terceros. También pretendía la gloria, pasar a la historia de la medicina con sus ridículos inventos, que terminaron en septiembre de 1982. Los responsables del servicio de Cirugía Cardiovascular de la Ciudad Sanitaria de Zaragoza denunciaron en 1983 en la Revista Española de Cardiología su negativa experiencia en el uso del invento, concluyendo que era una prótesis inaceptable.

Muy tarde ya, en 1984 el Insalud avisó de la necesidad de inmovilizar todas las existencias de bioprótesis por el riesgo grave que suponía su utilización.

Financiada por otros, la aventura también la padecieron otros. El balance de pacientes asesinados supera los 700, que formaron una asociación de víctimas de los experimentos mortales del cardiólogo. Impunemente el doctor Figuera estuvo más de veinte años asesinando pacientes, sin miedo a las consecuencias. Hubo denuncias y sumarios judiciales que, casi de manera automática, siempre tardaban más en abrirse que en cerrarse.

Ya no se trataba sólo de dinero. Para salir impune de 700 asesinatos también hay que tener padrinos muy poderosos. ¿Quiénes son estos padrinos? Para saberlo tuvimos que esperar diez años porque ni la policía ni los tribunales hicieron nada. Nadie hizo nunca nada (y así sigue).

Con siete años de retraso, el 17 de setiembre de 1995 la prensa (ni la policía ni los jueces) desveló la Operación Shuto. Dentro de la campaña de terrorismo de Estado del PSOE-GAL, en 1988 el CESID había secuestrado a mendigos madrileños para experimentar con ellos un anestésico que iba a ser utilizado en una acción terrorista en Francia. La operación fue cancelada al fallecer en Madrid uno de los mendigos que tenía problemas cardiacos y resultar herido otro.

A partir de la documentación incautada en la celda del coronel Perote, antiguo jefe del grupo dedicado a las tareas sucias del espionaje español, se conocieron algunos detalles de aquella Operación Shuto elaborada en junio de 1988 para secuestrar en Bayona a José Antonio Urruticoechea.

Dentro de la Operación Shuto apareció el nombre del doctor Diego Figuera, que además de amigo de Manglano, director del CESID, formaba parte del servicio secreto y de sus operaciones terroristas en Francia. La anestesia la proporcionaba el cardiólogo y los experimentos con mendigos los llevaban a cabo comandos dirigidos por él. Ésos eran sus padrinos desde hacía décadas, los que siempre le habían sacado de apuros. Por eso las viejas fotos que sacamos de nuestros archivos nos muestran al cardiólogo con su bata blanca en compañía del almirante Carrero Blanco, el creador de los servicios secretos franquistas. Como todos los asuntos de la democracia española, las conxiones provenían de lejos (y bien lejos las quieren mantener).

El plan Shuto consistía en conseguir un narcótico tan potente que permitiera el traslado del secuestrado desde Francia hasta territorio español sin problemas. La operación fracasó porque mientras preparaban el secuestro, Urruticoechea fue detenido por la policía francesa.

Aunque el anestésico iba destinado a Urruticoechea, los terroristas del doctor Figuera se entrenaron primero con dos hermanos drogadictos que encontraron mendigando en los alrededores de la plaza Dos de Mayo, en Madrid. A uno le rompieron la nariz de un puñetazo al resistirse, dejándolo tirado cerca de un centro asistencial; al otro, víctima de los efectos de la anestesia de Diego Figuera, le dejaron en una zona próxima al barrio de Tetuán. El tercer cobaya humano, un indigente norteafricano, murió por el pentotal suministrado por el doctor.

Esos son los hechos que han trascendido públicamente, pero ¿habría más casos, más experimentos con mendigos?

Para cubrir las apariencias, abrieron un sumario en la Audiencia Nacional que, con el tiempo, se cerró a petición del fiscal Pedro Rubira, cuyo jefe era entonces el nazi Fungairiño, recientemente trasladado de su búnker fiscal. Garzón dio carpetazo definitivo al caso el 9 de junio de 2000. En el libro de la periodista Pilar Urbano sobre Garzón se reconoce que Fungairiño era el hombre del CESID en la Audiencia Nacional, una eficiente antena que les facilitaba toda suerte de informaciones. La periodista asegura que dos espías del CESID acuden periódicamente a la quinta planta de la Audiencia, donde se ubica la fiscalía, a buscar datos para sus pesquisas. Los fiscales tienen orden de Fungairiño para recibirlos a carpetas abiertas (lo que la ley prohibe porque los sumarios son secretos). Unas carpetas se abrían y otras, como la de los medigos, se cerraban. En España hay personas intocables, personas que tienen patente de corso para matar a centenares de personas con la complicidad de las más altas instancias del Estado, ante la indiferencia de los medios del comunicación, el silencio y la complicidad más absolutas de movimientos, organizaciones, partidos y una larga cadena. Por detrás, los padrinos del CESID siempre aseguran inmunidad a sus colaboradores y el cardiólogo no iba a ser una excepción. El silencio es tan sumamente atronador que a fecha de hoy ni siquiera se ha divulgado los nombres de los mendigos porque ese tipo de gente no son nada ni son nadie y, por tanto, no tienen derecho a un nombre; mucho menos pueden tener derecho a que no se experimente con sus cuerpos para una guerra sucia.

El 7 de octubre de 1997 el entonces ministro de Defensa, Eduardo Serra, compareció ante el Congreso donde declaró que los servicios secretos jamás secuestraron a mendigos para experimentar en ellos con narcóticos. El ministro dijo que había encargado una investigación interna al propio director del CESID y que éste le había asegurado que no tenían nada que ver con la muerte de los indigentes y que todo había sido una invención de la prensa.

Domingo 12 de noviembre de 2006. En las noticias de mediodía, Tele 5 asegura que en lo que va de año han sido asesinados 25 mendigos e indigentes sin techo en España. ¿Son cobayas? ¿Sigue el CESID, ahora CNI, experimentando con mendigos? ¿Estará detrás el doctor Diego Figuera con otra de sus vávulas o sus narcóticos? ¿O sólo se trata de neonazis descerebrados? ¿Cuánto tiempo han tardado en cerrarse los 25 sumarios judiciales que se han abierto? ¿O es que ni siquiera se han abierto? ¿Quiénes eran esos mendigos?

Y sobre todo preguntamos: cuando hablan de terrorismo, ¿quiénes son los verdaderos terroristas? ¿Quién ha matado a 25 mendigos y sigue en la calle? ¿Y quiénes le encubren?

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