El Pequeño Libro Rojo del Activista en la Red

 

(La redactora de eldiario.es Marta Peirano ha publicado en internet un
libro titulado “El pequeño libro rojo del activista en la red” con un
prólogo de Edward Snowden que es el que aquí reproducimos)

every-breath5

Edward Snowden

Nuestra habilidad para entender el mundo en que vivimos depende
fundamentalmente de los intercambios no autorizados y no vigilados entre
los periodistas de investigación y sus fuentes. La vigilancia
persistente del periodismo de investigación debilita las libertades
básicas que proporciona la libertad de prensa, socavando estructuras
democráticas elementales.

Sin embargo, los periodistas no son expertos en seguridad. Las escuelas
de periodismo no ofrecen cursos para aprender a usar herramientas de
seguridad diseñadas para proteger la información y las comunicaciones.
Y, cuando una fuente decide soltar la liebre y exponer el abuso de un
gobierno, los periodistas ya no tienen tiempo de ponerse a aprender las
medidas básicas de seguridad. La revelación de los programas
indiscriminados de vigilancia de la NSA en Estados Unidos, la GCHQ en
Inglaterra y otras agencias de seguridad gubernamentales a lo largo de
los últimos años nos ha demostrado que la privacidad digital no es algo
que se pueda dar por hecho, especialmente si eres un periodista de
investigación.

Gracias a los avances de la tecnología, los sistemas de vigilancia
masiva de hoy pueden registrar en tiempo real todos los metadatos de
todas las comunicaciones que se estén dando en cualquier país, todo con
un coste y un grado de complejidad tan accesible que está al alcance de
literalmente cualquier gobierno del planeta. Esa acumulación de
metadatos puede revelar una red completa de vínculos y asociaciones
humanos, exponiendo cualquier interacción que pueda ser percibida como
una amenaza para el régimen de poder establecido.

Como consecuencia, la vigilancia masiva representa un arma contra
aquellos pocos que deciden convertirse en fuentes de información
periodística, porque revela sus identidades, sus estructuras de apoyo y
sus lugares de residencia o de refugio. Es información que los gobiernos
pueden usar para eliminar el riesgo de futuras revelaciones por parte de
esa fuente. Sus métodos pueden variar: una citación judicial en Estados
Unidos puede hacer el mismo trabajo que una bala en Quetta o Chechenia.
Pero el impacto sobre la fuente y el periodismo de investigación es el
mismo.

Como profesionales, los periodistas tienen la responsabilidad de aplicar
las mejores prácticas de seguridad antes de ponerse en contacto con un
confidente por primera vez. Dicho de otra manera: nadie espera que un
paciente que entra en una consulta médica le tenga que recordar a su
médico que se cambie los guantes. Un periodista hoy en día necesita
poseer un conocimiento funcional de las técnicas para anonimizar y de
las herramientas de cifrado. También deben aprender a usarlas de manera
efectiva.

A la luz de las revelaciones sobre las capacidades de los gobiernos,
esta nueva responsabilidad puede resultar abrumadora. No basta con que
los periodistas sepan establecer una clave pública PGP. Un periodista
debe entender cómo funcionan las herramientas de seguridad y cómo no
funcionan, y adaptar sus actividades a las limitaciones de esa
tecnología. Por ejemplo, hay muchas herramientas de seguridad digital
que protegen muy bien un contenido, pero dejan los metadatos al aire.
Esto significa que el cifrado de un correo es tan seguro y efectivo como
las palabras que elegimos para poner en el asunto o
el nombre que le damos a un adjunto.

El periodista también debe conocer a su adversario. Debe saber cómo se
interceptan las llamadas telefónicas, y que una línea segura tiene que
estar protegida a ambos lados de la comunicación. Debe valorar las
maneras en que la falta de tiempo, el margen de error y la reducción de
recursos pueden devaluar el plan de seguridad más sensato y sus
implementaciones. Deben tener siempre un plan B y prever
circunvalaciones cuando el ordenador o el correo de una fuente ha sido
comprometido. Deben conocer las técnicas para asegurar y corroborar la
información pública que han acumulado.

Por este y otros motivos, “El pequeño Libro Rojo del activista en la
Red” es un recurso esencial para asegurar que aquellos que recogen,
analizan y transmiten información a la sociedad puedan proteger, no solo
su trabajo, sino también –y por encima de todo– a sus fuentes.

La democracia depende de la existencia de una prensa valiente y con
capacidad para realizar un periodismo de investigación, una que mide su
éxito en su capacidad para exponer los abusos de la autoridad al gran
público. Por eso, cada vez que un aparato de vigilancia masiva se pueda
usar para monitorizar todos los encuentros «no autorizados» entre un
reportero de investigación y su fuente, la prensa libre se tambaleará. Y
sin la prensa libre, todas las instituciones de librepensamiento de la
sociedad desaparecerán.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s