Cuando los GRAPO repartieron 3.000 Kilos de embutidos en Córdoba

 

grapo

9 de septiembre, 1977
El País

Tres mil kilos de embutidos repartieron el miércoles miembros de los GRAPO en la Huerta de la Reina, barriada cordobesa donde habitan numerosos trabajadores, la mayor parte ferroviarios. Esta acción ha sido reivindicada por la organización citada por medio de comunicados dirigidos a diversos medios informativos, entre otros a EL PAIS.

Un comando de cuatro individuos armados, que ocupaban un vehículo, al parecer robado en Sevilla, detuvieron al conductor del camión de Industrias Cárnicas Roig de Valencia, que transportaba 3.000 kilos de chorizos, salchichas y otros embutidos, obligándole a dirigirse a las puertas del mercado de la citada barriada donde procedieron al reparto de toda la mercancía entre las sorprendidas amas de casa.

«Ya que no podemos acabar con el hambre del pueblo, manifestamos nuestra lucha contra el sistema capitalista», dijeron a las personas que recibían los embutidos. Al terminar el reparto invitaron al conductor en un bar próximo y tras abandonar el coche desaparecieron.

En medio millón de pesetas se evalúa el maná que los GRAPO distribuyeron en Córdoba. La policía local realiza investigaciones sin que hasta el momento hayan dado ningún resultado.

Francisco Brotons. “Memoria antifascista. Recuerdos en medio del camino”

Se inició también otro tipo de acciones. Se trataba de expropiar grandes cantidades de alimentos y distribuirlos entre los parados, en los barrios obreros de las grandes ciudades. La primera operación de este tipo se llevó a cabo en Córdoba y resultó un éxito: cuando se estaba distribuyendo un camión cargado de embutidos y quesos, se dio un mitin explicando los motivos de aquella acción a la larga cola de vecinos del barrio que se había formado inmediatamente. No se trataba, con ese reparto, de resolver un problema, el de la miseria, el del hambre, el del paro que aquellos compañeros sufrían en sus carnes: ese problema no se solucionaría ni con mil camiones que pudiéramos expropiar y repartir. De lo que se trataba era de hacer comprender la necesidad de luchar contra las condiciones de miseria en que estaban los trabajadores en el Estado español, y de que esa lucha no podía ser sólo la obra de unos cuantos militantes organizados, sino que eran ellos mismos, los trabajadores que en esos momentos estaban escuchando, quienes debían tomar el problema en sus manos y hallar su solución. Lo que pretendíamos era que cundiera el ejemplo, que los trabajadores dieran solución a sus propios problemas de forma directa, sin confiar en la “benevolencia” de “los de arriba”, que eran los verdaderos culpables de la situación. Eso era lo que buscábamos con ese tipo de acciones y lo que, en buena parte, conseguimos: al poco tiempo, en Cádiz una manifestación de parados entró a la fuerza en el muelle, pasando por encima de los picoletos que custodiaban la entrada, y asaltaron un barco cargados de alimentos, que distribuyeron ellos mismos entre la gente necesitada de aquella ciudad.

Noticias de ese tipo menudearon por entonces en las páginas de los periódicos, demostrándose así que el mensaje de la operación de Córdoba (repetida luego por Comando de los GRAPO en otros lugares) había sido comprendido.

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