El pensamiento filosófico de Mao Zedong

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Juan Manuel Olarieta

El capítulo VIII y último de la obra del francés Vincent Gouysse, “Comprender las divergencias sino-albanesas” lleva el contundente titulo de “Las falsificaciones maoístas en el ámbito del conocimiento”. Es un extracto tomado de la obra de Vasillaq Kureta “La esencia antimarxista de las concepciones filosóficas del pensamiento Mao Zedong”, publicada en 1984.

Sin mayores explicaciones Kureta llena a Mao de los peores adjetivos. Además de“ignorante“ en materia de filosofía, Mao también era subjetivista, metafísico, mecanicista, ecléctico y pragmático. Lo peor de lo peor. Si eso fuera cierto quedarían en el aire varios hechos importantes.
El primero consiste en explicar cómo fue posible que alguien que cometió tan serios errores fuera capaz de organizar una revolución en su país, una de las más importantes del pasado siglo. Si como dice Kureta las concepciones de Mao “están al servicio de los intereses de clase de la pequeña burguesía y de la burguesía china”, ¿cómo fue posible que la III Internacional y el Partido Comunista de China lo admitieran?, ¿cómo fue posible que la pequeña burguesía y la burguesía china se mantuvieran al frente de una revolución?
El segundo consiste en explicar cómo fue posible que si -como afirma Kureta- las concepciones antimarxistas de Mao se contienen -entre otras- en obras como “Sobre la práctica”, aparecida en 1937, la III Internacional las pasara por alto, y luego el PCUS durante 30 años y el Partido del Trabajo de Albania durante 50 años. ¿Cómo es posible que nadie se apercibiera de errores tan importantes durante tanto tiempo? Si dichos errores fueron advertidos por alguien, ¿cómo fue posible que no se corrigieran?
Aquí y allá Kureta lleva a cabo una recopilación de errores a los que no les encuentra explicación, por lo que queda sin aclarar lo fundamental, a saber, que los escritos filosóficos de Mao, como cualquier otro escrito filosófico, responden a los problemas de la revolución china y, en síntesis, se puede decir que consistieron en una mala aplicación de la línea política trazada por la III Internacional.
Lo mismo que el PCE en España, el PCCh no encuentra su propio camino hasta 1934, con el consabido coste de fracasos y derrotas muy dolorosas que se prolongan a lo largo de varios años. La III Internacional, el PCCh y Mao personalmente analizaron dichos errores y los corrigieron en el terreno político, ideológico y social. Pero Mao fue más allá y le añadió el componente filosófico que dichos errores ponían de manifiesto, lo cual constituyó un mérito por su parte.
Eso no significa que en la respuesta a los errores cometidos hasta 1934, de los que Mao fue partícipe, no existiera un deslizamiento hacia su contrario, que es lo que los escritos filosóficos de Mao ponen de manifiesto y que, por lo demás, es algo muy habitual en cualquier tipo de debate, porque el marxismo es como afinar las cuerdas de una guitarra: siempre se pueden tensar demasiado y los sonidos agudos se convierten en graves, y al revés. Es lo que Mao dice en una cita que inserta el propio Kureta:
“Cuando se han cometido demasiados errores, necesariamente las cosas pasan a su lado opuesto. Esto es marxismo. Una cosa se convierte en su contrario cuando llega al extremo; cuando los errores se han amontonado, no se hará esperar la llegada de la luz” (Algunas experiencias en la historia de nuestro partido, 1956).
Si se analizan los escritos filosóficos de Mao es posible advertir que tratando de combatir el dogmatismo, Mao se desliza hacia errores que se pueden calificar como pragmatismo y empirismo, y es posible añadir que se trata de errores que persistieron después a lo largo del tiempo como otras tantas señas de identidad del PCCh que explican el derrotero posterior de la revolución, es decir, la vía china hacia el capitalismo.
Eso no significa, en absoluto, que las obras filosóficas de Mao sean antimarxistas, como sostiene Kureta, ni que Mao falsifique el marxismo, ni que haya un “contraste radical de principio”. La lección que cabe extraer aquí, como en otras experiencias, es que en una revolución no basta con tener una línea política perfectamente dibujada sobre unos cuantos folios. Es imprescindible afinarla constantemente, desarrollarla y corregir los errores que se puedan advertir en su aplicación.
La crítica de Kureta no contribuye para nada a aclarar una experiencia tan importante para el movimiento comunista internacional y, por consiguiente, añade más confusión a la confusión ya existente. El objetivo de Kureta es desacreditar a Mao y ensuciar su imagen. Al peor estilo, no expone los errores reales de su obra, sino que se los inventa.
Por ejemplo, en el segundo bloque de su crítica a Mao, que trata sobre la práctica, Kureta tiene oportunidad de profundizar en la lucha de Mao contra el dogmatismo, en su concepto de “línea de masas”, pero evade la cuestión y se enreda criticando concepciones que no son propias de Mao, quien plantea correctamente la relación entre la teoría y la práctica en el terreno filosófico, pero no siempre es consecuente con ella en el terreno político e ideológico.
A la crítica de Kureta, el blog Bitácora de un Nicaragüense que digitaliza la obra de Gouysse, añade que el pensamiento de Mao está “profundamente determinado por la filosofía premarxista china”, mencionando expresamente la influencia Lao-Tsé, Confucio y Mencio, por un lado, y la “teosofía budista” por el otro. En realidad, cualquier clase de pensamiento filosófico, incluido el marxista, está sumergido en influencias parecidas a esas, la mayor parte de las veces inconscientemente.
Pero ahí Mao tiene ventaja porque el pensamiento chino tradicional, a diferencia del occidental, es profundamente dialéctico, por lo que el origen de sus errores no radica ahí.
El blog Bitácora de un Nicaragüense imputa a Mao la búsqueda del camino medio, las zonas intermedias (la teoría de los tres mundos) y el equilibrio-convivencia entre clases antagónicas en la construcción del socialismo, lo cual sería una forma de idealismo. Es lo mismo que los trotskistas imputaron a Stalin: que era un centrista. Pero a un afinador de guitarras no se le puede imputar que no se pase por un lado o por el otro. En eso consiste su tarea precisamente.
Por lo demás, la Bitácora de un Nicaragüense refiere asuntos diferentes correspondientes a épocas diferentes de la revolución china que se deberían analizar con mucho más detalle, en lugar de meterlo todo en el mismo saco.
La manera habitual en que los marxistas abordan estos problemas son extraordinariamente confusas. Así Kureta repite muchas veces unos supuestos errores que Mao comete al relacionar la verdad absoluta con la verdad relativa. A veces da la impresión de que una es lo contrario de la otra, como si el error fuera siempre lo contrario de la verdad. Por ejemplo, así se interpreta normalmente la definición de Engels de ideología como “conciencia falsa”.
Lo erróneo no es siempre necesariamente lo contrario de lo verdadero. La tesis de Engels y Lenin sobre sobre la verdad absoluta y la relativa pone manifiesto un desarrollo o una aproximación de una hacia otra: una verdad es relativa porque es una etapa hacia la verdad absoluta, que no alcanzará nunca. Es como cuando se mide una distancia entre dos astros en años-luz. Dichas mediciones son verdades relativas porque se aproximan a la distancia real y, a medida que los conocimientos y la técnica progresan, esa medida es cada vez más exacta. Pero por afinada que parezca, siempre tiene un “margen de error”.
Luego la verdad contiene en sí misma al error. El “margen de error” podrá ser mayor o menor, pero a nadie se le ocurre decir que una medición es falsa porque tenga un “margen de error”. Desde Gauss, es decir, desde hace 200 años aproximadamente la teoría del error forma parte de la matemática y de la ciencia.
La tesis de Engels sobre la falsedad de la ideología es una de las más profundas del marxismo, e incluso de toda la historia de la filosofía y se puede resumir diciendo que, en efecto, una tesis cualquiera puede ser errónea por varios motivos pero, sobre todo, porque tiene por absoluta una verdad que sólo es relativa. Sucede siempre que alguien cree que algo es perfecto, eterno, acabado, objetivo, exacto o puro.
Las abstracciones que Marx y Engels criticaron en “La ideología alemana” son un ejemplo de esa “conciencia falsa” que se caracteriza por su falta de “terrenalidad”, de concreción. La misma crítica se puede dirigir hoy a esos marxistas, como Kureta, que coleccionan frases del estilo de “la verdad siempre es concreta” para construir un cúmulo de argumentaciones abstractas. Lo concreto aparece mezclado; es lo híbrido, lo impuro, lo que está en medio de dos contrarios, en pleno proceso de cambio, ese tipo situaciones ambiguas, como lo semifeudal, entre el ser y el no-ser que tantas polémicas han provocado siempre.
Se puede decir, pues, que un conocimiento, aunque sea verdadero, se convierte en erróneo cuando no es consciente de sus propias limitaciones, de que sólo es una verdad relativa y, por consiguiente, una verdad condicionada por su origen cultural, filosófico, nacional, social, histórico, religioso o por otros factores, como el estado de la técnica en un momento determinado.
Pero también se puede decir lo mismo de una tesis que marcha en la dirección contraria: no sólo no desarrolla el conocimiento sino que lo introduce en un callejón sin salida. Lo mismo que en la lucha de clases, también en la filosofía y en la ciencia es fundamental el primer paso, que consiste en tomar el camino correcto.
El marxismo tiene un método para tratar los errores, que empieza siempre por ponerlos encima de la mesa, cualesquiera que sean. Pero se equivocan tanto los que no reconocen los errores, como los que ven errores por todas partes y los que no buscan otra cosa que los errores (preferiblemente los de los demás). Todos ellos tienen un problema de afinación.
Como parte de una verdad relativa, los errores de Mao se deben poner en relación con una verdad absoluta: durante más de medio siglo Mao participó activamente en una de las revoluciones mas importantes del siglo pasado, dirigió una larga guerra y luchó contra el imperialismo japónes y el estadounidense. ¿Todo fueron equivocaciones?, ¿es esa larga lucha propia de burgueses?, ¿proceden así los revisionistas?
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