¿También era Marxista el Llanero Solitario?

Lone-Ranger

Juan Manuel Olarieta

Hace un par de años se estrenó el western “El Llanero Solitario” (The Lone Ranger). Era el 4 de julio, día nacional en Estados Unidos. Con un presupuesto de 250 millones de dólares, es uno de los más caros de la historia del cine. Disney no pudo recuperar su inversión porque la película ha levantado una oleada de críticas entre los sectores más reaccionarios, fascistas e imperialistas de Estados Unidos, que llamaron al boicot.

¿Qué le ocurre a la multinacional Disney? Al principio fueron los piratas del Caribe, pero se suponía que los “rangers” de Texas, fieles servidores de la ley y el orden, debían hacer de contrapunto. Fuera de Estados Unidos quizá no llame la atención, pero allá creen que la película subvierte la conquista del oeste que, de manera épica, representa los mejores valores americanos, en la misma medida en que 1492 representa a los de la Hispanidad.

Como tantos otros relatos “El Llanero Solitario” nació en la radio después de la crisis de 1929. Fue un folletín que duró dos décadas y que luego se reconvirtió en una serie de televisión que se difundió por todo el mundo, gracias a la cual supimos de la existencia de los heroicos “rangers” de Texas, cuyas hazañas se extendieron luego hasta Vietnam, siempre en defensa de la libertad, la verdad y la civilización, contra los salvajes y malvados abusones que robaban y mataban sin piedad.

Hasta entonces todo estuvo siempre muy claro. “El Llanero Solitario” eran tan excepcional que no bebía ni fumaba. En su revólver llevaba una bala de plata para mostrar que la vida humana es preciosa porque procede de dios, y no se debe matar, salvo que sea estrictamente necesario. Es un pacifista que no quiere matar a los malvados, sino entregarlos a la justicia. Cabalga en compañía de un comanche huérfano, a quien encontró perdido en algún cruce de caminos y de quien se hizo amigo.

El indio es al “ranger” lo que Viernes a Robinson Crusoe, el inagotable mito del buen salvaje, la demostración de que en el alma de todos los seres humanos, incluso de los indios, siempre hay un fondo bueno que dios ha puesto a su imagen y semejanza. Los salvajes son los puros, los que aún no están corrompidos por la civilización. La película deja claro que no sólo no tenemos nada que enseñarles sino que debemos aprender de ellos.

El papel de comanche le corresponde a Johnny Depp, verdadero protagonista de la película. Ocurre lo mismo que con Obama: el hombre blanco ha perdido su protagonismo, las minorías raciales se han apoderado de Estados Unidos. El original era todavía peor que la película: el personaje que inspira a “El Llanero Solitario” era negro. Se trataba de Bass Reeves, un antiguo esclavo nacido en Arkansas que se fugó, convirtiéndose en el primer marshall afro-americano.

En el peor momento imaginable, Disney convierte al héroe americano en un perseguido. Le obliga a marchar a la clandestinidad y a llevar un antifaz que le protege de los servidores de la ley y el orden, que son malvados, tanto por lo menos como los malvados que persigue. ¿Cómo es posible que los buenos se vean obligados a esconderse del sheriff y de los caciques locales? ¿Cómo es posible que los políticos no sean los buenos? ¿Cómo es posible que el enmascarado tenga que desenmascarar a los militares asesinos, los políticos corruptos y los capitalistas sin escrúpulos?

La película nos confunde en el aspecto fundamental de todas las cosas: ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos? Porque resulta que el comanche que ayuda a nuestro héroe es huérfano porque su tribu fue exterminada por el hombre blanco. No es el blanco quien ayuda a las minorías raciales, sino que son las minorías las que le ayudan a él en su lucha por la justicia. No sólo los indios son perseguidos y exterminados, sino también los trabajadores chinos del ferrocarril, víctimas del racismo de los capitalistas blancos.

Lo mismo ocurre con el malo al que persigue “El Llanero Solitario”: no trabaja por su cuenta sino que es un mercenario pagado por una empresa ferroviaria, cuando hasta la fecha creíamos -equivocadamente- que el ferrocarril fue fundamental en la conquista del oeste, a donde llevó el progreso y la civilización.

El oeste era como Siria, en donde los hombres blancos también simularon ataques de los indios a los granjeros (igualmente blancos) para justificar la intervención pacificadora del 7 de Caballería. Es más: el capitán Jay Fuller que comanda la tropa sabe la verdad, pero está totalemente involucrado en el negocio y quiere matar a nuestro héroe.

Toda buena película deja el apogeo para el final, cuando la multitud agradecida quiere que se quite la máscara porque la justicia ha vuelto a triunfar. Sin embargo “El Llanero Solitario” se niega porque el problema no son los malos sino “el sistema”. Es ahí donde está el problema, y lo mismo que “el sistema” continúa, él debe continuar también enmascarado porque seguirá habiendo injusticias. Debe defenderse de los defensores de la ley y el orden. En fin, en “El Llanero Solitario” están Annonymous, Wikileaks, Bradley Manning y Edward Snowden. No sabemos quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Al final resulta que a una película (norte)americana los (norte)americanos le acusan de ser (anti)americana. Con las películas de John Ford todo estaba muy claro.

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