Artículo PCE(r

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Los militantes del PCE(r) no sólo no buscamos reinsertarnos, sino que hacemos todo lo posible por fortalecer la organización clandestina y el trabajo político ilegal. Esta es una posición invariable, de principio, de nuestro Partido, y debemos perseverar en ella. Esta cita del Informe Político aprobado en nuestro IV Congreso define con claridad lo que queremos decir cuando en el título se habla de la atracción de la legalidad: la integración en las instituciones del régimen. Por supuesto, y debemos dejarlo claro desde el principio, el PCE(r) no sólo es un partido ilegal, reconocido incluso como tal por los tribunales fascistas, sino que está decididamente en contra de esa legalidad.

Pero también es cierto que nosotros hablamos habitualmente del trabajo en la legalidad o de trabajo legal para referirnos al trabajo abierto entre las masas que realizan nuestros militantes y organizaciones partidistas, para distinguirlo del trabajo clandestino que, normalmente, llevan a cabo camaradas no fichados o que están en la clandestinidad. En la práctica, ambas labores se complementan, forman parte de una misma actividad revolucionaria dirigida por un centro único y deben ser realizadas a resguardo de las miradas de los polizontes.

A nadie se le escapa que ese trabajo más abierto o semilegal del Partido, sobre todo en actividades de propaganda y agitación, ha alcanzado en los últimos años bastante amplitud y una relativa envergadura, sobre todo si tomamos como referencia el periodo de los años 80 y primera mitad de los 90. Esto demuestra que nosotros nunca nos hemos negado a aprovechar toda posibilidad o resquicio de trabajo en la legalidad del sistema; pero basta recordar las periódicas redadas, las torturas, encarcelamientos y hasta asesinatos que han venido sufriendo nuestros militantes durante esos años, para comprender que era imposible actuar de manera distinta a como lo veníamos haciendo: desde la más estricta clandestinidad y perseverando en nuestro trabajo duro y sistemático para ligarnos estrechamente a las masas, en particular a los obreros más avanzados. Fruto de este largo, paciente y costoso trabajo ha sido, precisamente, el que en la actualidad hayamos logrado hasta cierto punto imponer nuestro derecho a difundir abiertamente entre los obreros y demás trabajadores nuestras ideas democráticas y revolucionarias, sin tener que rebajarlas ni un ápice.

Naturalmente, el contemplar nuestra propaganda expuesta al público y a nuestros militantes y simpatizantes repartir hojillas a las puertas de las fábricas o en los nudos de comunicación, ver incluso en ocasiones nuestras pancartas y banderas en las manifestaciones, no ha dejado de causar extra-eza a más de uno que recordaba que hasta hace bien poco pronunciar las siglas del PCE(r) era poco menos que hablar de las catacumbas; ¿Ya no os detienen como antes?, preguntaba un trabajador de RENFE a un simpatizante que le entregaba una octavilla. Pues bien, el trabajo abierto es una conquista impuesta con la sangre de nuestros mártires y los años de encierro de nuestros presos, el fruto de nuestro combate de más de 25 años contra el régimen y de la fidelidad a nuestros principios comunistas. Ese, junto con la debilidad y la crisis política que sufre el régimen, es todo el secreto de que, por ahora, ya no nos detengan como antes. Y, como tal conquista, desde luego que tenemos la intención de mantenerla el mayor tiempo posible y de sacarle el máximo de provecho, sin perder de vista, eso sí, que la legalidad del régimen es, en realidad, una continua amenaza que pende sobre nuestras cabezas; se está continuamente expuesto a que te caigan encima todas las leyes del régimen, estás permanentemente a la vista de chivatos, provocadores y servicios de información varios. De tomas de contacto en comisaría, retenciones policiales por nimiedades, presiones en el trabajo para que el patrón te eche, llamadas telefónicas amenazantes, seguimientos asfixiantes y otras formas de presión y control policiales, saben cantidad los militantes y simpatizantes que están en la legalidad. Y todo ello sin contar que eres un permanente hilo que conduce al aparato clandestino del Partido y a su Dirección; a ellos sí les van a detener en cuanto puedan, como ha ocurrido en París.

L. Carmona

Boletín Resistencia #53, Febrero 2001

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