Genocidio Fascista Español

castelao para quelevanten el puño

Auténtico exterminio de jóvenes y menores en La Rioja
12 años, 14, 15, 16… les daba igual
“Por numerosos testimonios se sabe que varias mujeres jóvenes –sobre todo Pilar, Dolores y Carmen– fueron conducidas completamente desnudas desde la prisión de San Francisco hasta los aledaños de la catedral, donde según se cree fueron introducidas en un cuarto y violadas por quienes más tarde serían sus asesinos.
Luis Galán, joven de diecinueve años, soltero, trabajador del campo, ayudaba a su padre. A la vez era criado del señor Marcilla… que fue fusilado con el muchacho.
Se ignoran las circunstancias de la muerte de Fortunato Ranedo, joven de dieciocho años, cenetista, jornalero, de quien se cree que fue asesinado en La Pedraja (Burgos). Con Fortunato se cree que también fue asesinado Lucio Leiva, de dieciocho años, jornalero, soltero, acendrado cenetista.
Delfín Martínez Ameyugo, joven de diecinueve años, que trabajaba en la carpintería de su padre, es asesinado el 11 de diciembre de 1936, en «La Barranca».
José Amor Jiménez, apodado «el Caraquillas», era un chiquillo cuando lo fusilaron. Conducido al cementerio para su ejecución, logró huir, escondiéndose en una alcantarilla. Luego huyó al campo y estuvo algún tiempo en una cabaña. Denunciado, tres falangistas de Rincón de Olivedo fueron a por él. Le dijeron que se entregase, que no le pasaría nada. Inocente, el muchacho descendió ingenuamente, siendo acribillado a balazos mientras bajaba.
José Orobio Vázquez, apodado «Novayas», tenía dieciséis años cuando fue fusilado a 3 km de Cervera, en dirección a Fitero.
Jesús Toledo fue fusilado a los dieciocho años. Trabajaba de barbero y era de Calahorra.
Los familiares de los militantes de izquierda, sufrieron también la vejación de serles cortado el pelo al cero. Raparon a Florencia Salinas Múzquiz, de dieciséis años; a Sofía Calatayud, de diecisiete; a Sabina Oñate, de dieciocho, que estaba embarazada; a Blasa Pérez, de quince, y a Apolonia, de dieciséis.
Al chiquillo Nino Varea Jiménez, de doce años de edad, el falangista local –Pedro Carrilla de Arnedo– le increpó, obligándole a quitarse unas alpargatas coloradas y delante de una imagen de la Virgen de la Nieva, a la que se rendía culto en casa de la familia Varea. Pedro amenazó de muerte al niño, a la vez que lo registraba buscando una navaja, que no encontró, por tenerla Nino escondida debajo de la boina. El niño salvó así la vida.
También asesinaron a José Roldán, de diecinueve años. Sólo sabemos que era soltero y natural de Arnedo.
Del pueblo de Ausejo, asesinaron a: Ángel Ezquerdo Valle, de dieciséis años; Jesús Gil Espinosa, de dieciséis; Santiago Gil Jiménez, de diecinueve; los hermanos Gil Pérez: Alberto, de dieciocho años y Valeriano, de dieciséis; Pedro Ibáñez Rodríguez, de dieciséis; Ángel Martínez Rodríguez, de diecisiete; Mariano Martínez Heras, de dieciséis, y Valeriano Gil Pérez, de diecisiete. Y a Juan Félix Sáenz Magaña, del pueblo de Aguilar del Río Alhama, de diecisiete años de edad.
A José Gutiérrez Pérez, de dieciocho años, del pueblo de Alfaro.
A Aurelio Matute Urtubia, de dieciocho años, de Rincón del Soto.
Del pueblo de Calahorra: a Aníbal Caseda Gurrea, de diecisiete años, y José Fernández Aldea, de dieciséis.
A Lucio Cunchillos Gutiérrez, de dieciocho años, de Aldeanueva de Ebro.
A Antonio Santolaya Lería, de diecisiete años, del pueblo de Enciso.
Del pueblo de Arnedo: Pedro Arpón Arostegui, de catorce años; Teodoro Moreno, de diecisiete; Secundino Puerta, de dieciséis; Paulino Rada Acedo, de diecisiete, y su hermano Roberto, de catorce, y Teófilo Ridruejo, de dieciocho.
Del pueblo de Fuenmayor: A Florentino Azcoitia Barrios, de diecisiete años; Antonio Peso «Polo», de dieciocho; Félix Baños Linaz, de dieciocho, y José Cerezo, de dieciocho…
En Tudela, y durante meses, sin que la autoridad tomase la menor medida para borrarlo, en plena Carrera, campó por sus respetos el siguiente rótulo: «Matar rojos no es un crimen, es un deporte»”.
Otra prueba de que la persecución de menores era una norma usual en la zona franquista nos la da el escritor Alberto Vázquez-Figueroa: “Cuando el «Glorioso Alzamiento Nacional» ya es del dominio público la exterminación que los “Cruzados del Siglo XX” emprendieron en las islas Canarias. Algunos republicanos, o acusados de tales, lograron huir y desembarcar en África. Entre ellos su abuelo y un hijo suyo, José Antonio Rial. Al no poder detener al padre encarcelaron al hijo, de dieciséis años de edad, y lo condenaron a muerte. En el último instante le fue conmutada la pena y estuvo en la cárcel hasta los 23 años.”
Del libro “Los niños republicanos en la guerra de España”, de Eduardo Pons Prades
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